Tu hijo nunca cuidará el planeta

Screentime lo llaman en inglés. Tiempo de pantalla, para que nos entendamos, el tiempo que pasan los niños frente a pantallas diversas.

Antes era solo la televisión, pero ahora tenemos niños frente a tablets, smartphones, ordenadores… Niños de apenas 7 u 8 años que pasan más de 5 horas al día manejando estos dispositivos.

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Anissa Thompson, freeimages.com

¿Más de cinco horas?  Calculemos. Si un niño de primaria entra a las 9 al cole, y sale a las 5, y pongamos que se acuesta  (o que debería acostarse) como muy tarde a las 10… ¿Se pasa el resto del tiempo del día, de media, frente a una pantalla? Eso, sin contar la parte del día que puedan estar frente a una pantalla durante la escolarización.

Más datos: hay padres y madres que ponen a sus hijos frente a dispositivos antes de los dos años. Vaya, que como inventen el iPezón ya directamente los amamantará un smartphone.

Cuando se habla del excesivo tiempo de pantalla de nuestros chavales, generalmente se alerta de riesgos como la obesidad infantil por la falta de actividad física, el retraso cognitivo por usar dispositivos que facilitan la realización de tareas que el niño debería aprender por sí mismo, etc. Y en este vídeo os explican un poco todo esto, desde el punto de vista de la sociedad chilena (es el más completo que hemos encontrado).

Pero hay un elemento que se nos olvida. Una marca de cereales de dudoso prestigio nutritivo, que no se comercializan en España y que tiene serios problemas con la administración por autodenominar sus productos como “100% naturales”, ha usado precisamente este elemento para hacer una campaña: Los niños pegados a una pantalla ya no juegan como los de antes. Y los niños de antes, sobre todo fuera de las grandes ciudades, jugaban en la naturaleza.

Preguntadle a cualquier adulto de alrededor de 30 años que haya vivido en un pueblo cómo se divertían. No nos podemos imaginar la infancia de un par de amiguetes extremeños que tenemos por ahí sin pasar la tarde en el río o en las pozas, o jugando en el bosque, o yendo a ayudar a la huerta y viendo crecer a las verduras y a los animales.

Los que nos hemos criado en ciudad también tenemos nuestra pequeña parte de crecimiento y juego en parques, algunos pequeños y otros grandes parques en los que veíamos animales urbanos y plantas, en los que plantábamos semillas sin consultar a nadie, solo por ver cómo crecía una planta que luego traía de cabeza al jardinero municipal. Y los que tuvimos la suerte de crecer en ciudades con bosques cerca, podíamos pasar los domingos yendo a por setas, a pescar, o simplemente paseando por la naturaleza.

Había tiempo para salir y entrar en contacto con el entorno, y eso,  a quien más y a quien menos le ha enseñado a amar a los bosques, a los ríos, a los campos y a los animales, pero ¿qué amarán los niños que en su ocio no son capaces de hacer otra cosa que sentarse frente a una pantalla?

Para amar, antes hay que conocer. Si nuestros hijos, los que heredarán este planeta ya maltrecho, tienen cero contacto diario con la naturaleza, con el entorno… ¿Cómo les va a preocupar cuidarlo?

Si no saben que los pollos no nacen pelados y asados  o que la leche no viene de un tarro, sino de un animal, ¿cómo van garantizar la integridad de nuestro planeta? Y sí, se les puede explicar que la leche viene de una vaca, incluso se les puede explicar con un app, pero hasta que no estás en contacto con la vaca, con el lechero y su vida, no entiendes que eso es un animal y no una herramienta de “dar leche”.

Es fundamental que nuestros hijos vayan al monte, se bañen en río, se magullen subiendo a un árbol y que les salga un sarpullido por tocar una ortiga.

A día de hoy, nos da la impresión que la vida de los niños está hiperplanificada y superprotegida. Cada día tienen una agenda llena de extraescolares en las que se les pide que sean excelentes, que les agobian y que no les dejan desarrollarse como los niños que son, a su ritmo natural. Se les sobreprotege como si el dolor, los rasguños o la pena no tuvieran que formar parte de su educación (léase jabones desinfectantes dignos de un laboratorio de la NASA, terror a que rueden por el suelo, se embarren o que ni siquiera pensar en que salgan a la calle con el pelo húmedo, imposibilidad de negarse a sus deseos aunque sean claramente negativos para su educación personal y sentimental….) Y para postre, el sistema educativo cada vez se orienta más hacía lo que implica tecnología y ciencia, dejando de un lado asignaturas humanistas cuyo valor reside en hacer crecer intelectualmente a los niños, dotarles de la capacidad de pensar y tener una opinión crítica propia y tener una mejor conciencia de su papel en el mundo.

Estos niños que no han tenido tiempo de meterse una galleta por tropezar con una rama, estos niños que no han cogido caquitas de cabra para jugar con ellas como si fueran canicas, estos niños cuya vida está orientada a crear empleaditos o jefecitos diseñados a medida y orientados al éxito profesional, a los que raramente se les conciencia de las implicaciones que tiene el deseo de poseer que se les genera y a los que rara vez se les muestra que uno puede ser feliz sin ser rico y famoso, no tendrán las bases para decir basta. No saldrá de ellos de forma natural el negarse a según qué tipos de consumo, si su deseo es tener lo que ese consumo les ofrece: no valorarán la vida de un bosque sí ahí pueden construir el chalé adosado impersonal de sus sueños que un cierto tipo de prestigio social le ha metido en la cabeza, no optarán por un coche eléctrico si lo que requiere su status es un cuatro por cuatro de gran cilindrada y mayor consumo.

Kjell-Einar Pettersen, Freeimages.com
Kjell-Einar Pettersen, Freeimages.com

Por eso es fundamental que hoy, desde ya, les enseñemos a nuestros hijos, sobrinos, amigos, alumnos, la importancia de lo que nos rodea. Que nos los llevemos al campo, y que se rasguñen y pinchen todo lo que quieran. Que se tiren al río hasta con ropa, que ya les secaremos y les daremos una sopa caliente. Que corran bajo la lluvia, que pisen charcos, que jueguen con las hojas del otoño, que acaricien animales más allá del zoo y que no piensen que todos los peces son como Nemo, porque cuando crezcan y se den cuenta de que Nemo no existe de verdad, no tendrán problema para seguir llenando el océano de mierda.

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Unas Navidades sostenibles

Quien más y quien menos siente que la Navidad ha perdido buena dinner-1144569-mparte de su sentido, ahogada por el consumismo desmedido y por la ingesta descontrolada de comida y bebida bajo la premisa de que en Navidad “hay que pasárselo bien”.

Pero estas fechas, cuyo mensaje principal debería ser el amor más que el uso desmesurado de recursos, pueden vivirse de otra manera. Y no estamos hablando de religiosidad o moral, sino, sobre todo, de conciencia. En SyS os proponemos una serie de tips para que celebréis la Navidad de otra manera, y para que esa nueva forma de abordar la vida no se quede solo en un buen propósito de Navidad, sino que vaya calando en nuestro día a día.

Las comidas navideñas

¿Realmente es necesario comprar un bogavante, llenar la nevera de aperitivos preparados, inflarse a polvorones y turrones? No decimos que no disfrutemos de los dulces y platos típicos navideños, pero podemos mejorar nuestra salud y respetar el medio ambiente si tenemos en cuenta unas pocas reglas. Para ello, nos ayudará mucho el proyecto de WWF “Live well for LIFE”, una iniciativa en la que especialistas médicos en nutrición y especialistas en sostenibilidad han diseñado una serie de consejos que nos permitirán llevar una vida más saludable a la vez que cuidamos nuestro planeta. Los principios Livewell son los siguientes:

  • Come más vegetales – disfruta de la fruta y las verduras.
  • Come diverso – alégrate la vista con un plato variado y colorido.
  • Aprovecha mejor la comida – un tercio de la comida que se produce en el mundo acaba en la basura.
  • Come menos carne – prueba otras fuentes de proteínas. Además, la carne puede ser un complemento al plato en vez del ingrediente principal.
  • Come menos alimentos procesados – suelen consumir más recursos para su producción y contener niveles altos de azúcar, grasas y sal.
  • Compra alimentos certificados – como el MSC para el pescado, los procedentes de agricultura ecológica o la ganadería extensiva.

Efectivamente, nada que no se haya dicho ya en muchas ocasiones, en este blog y en muchos más sitios, pero los responsables de esta campaña aseguran que si esta dieta se extendiera entre los españoles, se reduciría en un 25% nuestra huella ecológica. Y por supuesto, mejorarían nuestras cifras de colesterol, obesidad, problemas cardiovasculares, etc.

En Navidad, sustituye los entremeses de fiambres por crudités con alguna salsa divertida, ensaladas, o verduras asadas. Si sois de pescado, ¿qué tal una buena lubina al horno en lugar de marisco llegado desde el cono Sur? Además, si el marisco no se consume tiene poco aprovechamiento en cambio, lo que sobra de pescado puede convertirse en ricas croquetas, canelones de pescado o un chupe chileno. Los responsables del proyecto Livewell también nos ofrecen una alternativa de menú navideño delicioso y sostenible.

Los regalos de Navidad

A nadie se le ocurre pasar por estas fechas sin comprar regalos. Aunque es perfectamente posible, y aunque tenemos todo el año para demostrar nuestro amor a los demás de manera material, si llega el punto en que tenemos que adquirir regalos, también podemos hacerlo desde un punto de vista sostenible.

Un buen ejemplo es regalar cosas “no materiales”, por ejemplo, regalar un curso o un taller, una cata de vinos, una jornada en un spa, compensar parte de su huella de carbono aportando una cantidad para la plantación de árboles… Es una manera de hacer un regalo que no implique un objeto que haya tenido que ser producido únicamente para este fin. Huyamos de los “pongos” de toda la vida. A nadie le gustan ni las figuritas, ni los ganchitos, ni los marcos de fotos, ni los objetos graciosos (que tienen gracia dos minutos)  y todos, indefectiblemente, acaban en la basura o arrinconados por ahí, o sea, convertidos en residuos.

Si no hay maś remedio que comprar algo “material”, opta por algo práctico y prioriza los objetos de comercio justo y certificados (maderas FSC, plásticos libres de BPA y reciclados…) Visita los anticuarios y chamarileros (o los mercadillos estilo Rastro o Encants), donde podrás encontrar cosas bonitas que merecen una segunda oportunidad, de manera que contribuyas a la reducción de la sobreproducción de bienes.
También puedes regalar comida. Además, es una excelente manera de invitar a tus amigos a descubrir la comida sana y la ecológica. Un simple cesto con algo de fruta de cultivos responsables, una buena botella de vino, una selección de dulces artesanales… Lo ideal, además, sería que lo compraras en tu barrio, donde seguro que tienes una buena oferta de comercios que te pueden ayudar y aconsejar. Así ahorras en gasolina, y seguramente en la angustia de caminar por las calles del centro en Navidad.

Y  a los amigos que quieran regalarte algo, no tengas problema en decirles qué quieres. Si no lo haces, corres el riesgo de que te regalen un residuo potencial, así que…

El espíritu navideño

¿Existe? Creemos que en su momento quizás existió pero ahora no es más que una especie de alucinación que dura justo los días de las fiestas y que se interpreta como una necesidad imperiosa de ser buenos, aunque luego seamos lo peorcito. Este año ¿por qué no te lo tomas en serio? Que la Navidad sea solo el pistoletazo de salida para un año en el que el hacer algo por los demás y por tu entorno forme parte fija de tu agenda semanal.  Busca un voluntariado que te motive, selecciona una organización a la que ayuda, no solo económicamente, descubre qué iniciativas hay en tu barrio a las que podrías echar una mano. Te sorprenderá lo fácil y motivamente que es dejar de mirarse el ombligo un rato.

El buen propósito de año nuevo

Dejar de fumar o de beber, ir al gimnasio, comer menos… La mayoría de propósitos de año nuevo están pensandos hacia dentro, hacia nosotros, y en la mayoría de ocasiones lo hacemos un ratito y con poco convencimiento. La fuerza de voluntad es un bien escaso. Este año, propongámonos algo hacia fuera. Algo que contribuya no solo a nuestro bienestar si no al de todos. Propongámonos consumir menos, reducir nuestros residuos, reciclar mejor, comprar menos alimentos preparados, buscar una actividad de conservación natural que nos mole, reducir el gasto de papel de nuestra vida, dejar el coche más a menudo en el garaje, relacionarme más con mis amigos/vecinos/ciudad, participar en actividades comunitarias de cuidado del entorno, reducir mi consumo energético, comprar menos ropa y zapatos e intentar sustituir la compra por la reuitlización, o los productos sostenibles, comer más verduras, comer menos carne, usar más el transporte público, caminar más,… Hay cientos de buenos propósitos sencillos que nos permitirán comenzar el año con una misión que, al final de estos 365 días de 2015 nos harán dar cuenta de que ser  más austeros bien vale la pena.

La sostenibilidad, el pequeño gran olvido de los grandes eventos

Hace unos días tuve la oportunidad de partbaseball-park-fans-1033829-micipar, desde dentro,  en un gran evento deportivo que se llevó a cabo en diversas sedes de todo el territorio español. Y si una cosa me llamó la atención es el poco enfoque sostenible que se da en este tipo de grandes celebraciones en las que, quitémonos las caretas, tras una excusa deportiva se buscan objetivos básicamente comerciales.

Partamos de esa premisa, totalmente respetable, a la hora de analizar la falta de interés en la sostenibilidad de los grandes eventos (deportivos, comerciales, nacionales, etc.) ¿Por qué reducir residuos, evitar la sobre producción, usar materiales reciclables, etc., no es aún un pilar básico a la hora de diseñar la celebración? ¿En serio que no sobre producir o no derrochar comida pueden generar un impacto negativo comercialmente hablando?

Ni los festivales de rock, ni las bodas reales, ni las celebraciones nacionales y ni siquiera los Juegos Olímpicos de Sydney, que en su momento fueron considerados unos juegos “verdes” por el enfoque que se hizo de la organización, se escaparon de cometer atropellos medioambientales y sociales. Y se siguen repitiendo a día de hoy, llevados por una especie de “obligaciones” impuestas por años de una tradición de celebración de eventos marcados por el dispendio, y dicho de forma coloquial, el marcar paquete.

Desde S&S proponemos unas cuantas medidas sencillas que permitirían reducir considerablemente la huella de los grandes eventos, pero que, sobre todo, emitirían un mensaje a la sociedad a través de algunas de las manifestaciones sociales más atractivas para los ciudadanos. Pero ante todo, y antes que tomar medidas “estéticas” como pueden llegar a ser las que proponemos, lo fundamental es partir de un enfoque del evento que tenga como objetivo estratégico el causar el menor impacto social y medioambiental.

  • Coches oficiales eléctricos o híbridos, y recálculo de la cantidad de vehículos necesarios basándose en las premisas del carsharing.
  • Transporte de atletas en autobuses GNC, o en autobuses urbanos de hidrógeno.
  • Construcción y uso de instalaciones polivalentes, realizadas con criterios de sostenibilidad y ahorro energético, que puedan reutilizarse y no quedarse como feos mamotretos fantasma en las ciudades.
  • Reutilización de instalaciones ya existentes.
  • Reducción drástica de la producción de material de merchandising oficial, enfoque del mismo a la utilidad (que permita su uso y reutilización posterior) y que esté fabricado en empresas que garanticen las condiciones laborales de los trabajadores. Donación de los sobrantes a entidades que puedan sacarles provecho lúdico o didáctico.
  • Reducción drástica de material publicitario, y en todo caso, selección de formatos que permitan ser reutilizados/donados durante y tras el evento.
  • Uniformes y otras equipaciones realizados en tejidos sostenibles (lyocell, modal, polyester reciclado, algodón orgánico, etc.) y diseñados de manera que puedan ser reutilizados  tras el evento.
  • Caterings sin envases ni envoltorios, cocinados con productos ecológicos y Km. 0.
  • Supresión de buffets libres y bebidas y snacks de cortesía que solo conducen a un consumo irresponsable y compulsivo bajo la premisa de que es gratis.
  • Uso de vasos y recipientes reutilizables en los servicios de hostelería vinculados al público del evento.
  • Reutilización de toallas, sábanas y otros enseres y garantía de fabricación sostenible de los mismos.
  • Reciclaje de residuos tanto de los generados por el público como por la misma organización. Exposición pública del reciclaje y los resultados de reutilización.
  • Instalación de LED en todas aquellos elementos que lo permitan, apagado generalizado de luces en horas sin evento y rechazo frontal a elementos decorativos luminosos.
  • Reducción drástica del volumen de música, megafonía, etc.
  • Reducción drástica del uso de papel. Uso  exclusivo y controlado de papel y material reciclado y madera FSC en construcciones, material de oficina, papel higiénico…
  • Sustitución de los productos de limpieza químicos por otros biodegradables con tensioactivos reducidos.
  • Reducción drástica de uso de plásticos y recuperación de elementos.
  • Reutilización de materiales de otros eventos (por ejemplo, las banderas, el material deportivo de uso competitivo, etc.).
  • Evitar la movilización de público y organización a parajes naturales de equilibrio delicado, y asegurarse que sea donde sea que se celebre el evento, como dirían los Boy Scouts, “el lugar quede mejor de como lo encontramos”.
  • Emisión de mensajes de concienciación al público en cuestiones como reducción de gasto energético,  reciclaje, etc.
  • Reducción de consumos de agua y electricidad, así como supresión del uso de climatización con amplia emisión de gases.
  • Contrataciones laborales justas en toda la cadena productiva y organizativa del evento, y gestión de voluntariado responsable.
  • Consulta ciudadana sobre la idoneidad de realizar el evento (si se trata de un evento que modifique la cotidianeidad) y recogida de ideas y soluciones.
  • Colaboración con los agentes sociales y las asociaciones locales para implicar a la ciudad y ampliar el eco y participación del evento.
  • Cálculo de la huella de carbono del evento y compensación inmediata en la(s) localidad(es) en las que se realice.
  • Emisión de una Memoria de Sostenibilidad transparente del evento con pautas de mejora para futuras ediciones.

Seguramente todas estas medidas encarecerán el evento, porque muchas de ellas implican un mayor desembolso, pero una vez más, si tenemos la sostenibilidad como eje organizativo de nuestro evento comprobaremos que no resulta difícil reequilibrar el presupuesto si, a cambio de mejorar nuestro desempeño en sostenibilidad, reducimos las ingentes cantidades de dinero que se gastan en cuestiones puramente estéticas y que no son más que rémoras que arrastramos de las costumbres establecidas sobre organización de eventos. Y si no preguntémonos… ¿quién a día de hoy quiere una pegatina de un evento o marca? ¿Quien se lee un flyer? ¿Quien se pone de forma habitual en casa o en la calle una camiseta publicitaria?

 

PD de la autora: Todas estas medidas que hemos comentado para grandes eventos pueden (y deberían) aplicarse a cualquier evento de cualquier tamaño, desde una celebración empresarial, hasta un bautizo o una boda. Fijaos bien en la cantidad de comida que desperdiciamos en nuestras celebraciones familiares o el mal uso del papel y los regalitos “de recuerdo” que hacemos y nos daremos cuenta de cómo nosotros también estamos contribuyendo a mantener unas costumbres sin sentido que nos conducen a un comportamiento irresponsable en cuanto a sostenibilidad.

Un mapa para escapar del laberinto del consumo tradicional

Por más que nos empeñemos, a día de hoy aún resulta muy difícil realizar el 100 % de las compras basándose exclusivamente en criterios de sostenibilidad. No por falta de ganas, sino por cuestiones tanto de oferta, como de disponibilidad económica.

En el mercado español hay productos que, simplemente, no tienen una versión totalmente sostenible, ecológica o responsable disponible, por lo que es bueno saber  (y premiar con nuestro consumo) a aquellas marcas que más esfuerzos hacen por fabricar un producto con estándares de sostenibilidad superiores a la media.

¿Cómo discernir el grano de la paja? Greenpeace, por ejemplo, publica periódicamente su guía roja y verde, que nos permite conocer qué marcas usan OMG (transgénicos) en sus productos.

También algunas organizaciones de consumidores como organizaciones de promoción del comercio justo, como SETEM o Ideas, suelen incluir pequeñas guías o recomendaciones respecto de la compra de productos, en especial en sectores sensibles como el textil o las finanzas.  Pero cuesta encontrar un lugar en el que tener más o menos ordenadas y evaluadas a las marcas según su impacto, desde un punto de vista transversal.

ethos2Buscar ese análisis desde las diversas vertientes de la sostenibilidad es a lo que se dedica desde hace 25 años Ethical Consumer, una organización de consumidores británica que ofrece diversas herramientas para facilitar la decisión de compra responsable, eso sí, en inglés.

Entre sus herramientas abiertas a no socios más prácticas están sus guías de productos, en las que analizan aspectos como el trato a los animales, el origen de las materias primas, las implicaciones políticas y medioambientales, los derechos laborales, etc., de las principales marcas del mercado británico. Aunque muchas de las marcas analizadas no están a nuestro alcance en España, sí que coinciden muchas de los grandes sellos multinacionales, por lo que estas guías también pueden resultar útiles a la hora de plantearnos nuestra compra.  Para los que conozcan revistas como Compra Maestra de la OCU, Ethical Consumer vendría a ser una propuesta similar, pero cuyas recomendaciones y listas se basan en “algo más” que el precio, la porción o las características técnicas/organolépticas. Y también tienen su propia revista para asociados (aquí podéis consultar un ejemplar de muestra).

En la versión online de estas guías, además, nos permiten seleccionar a qué aspectos queremos dar más importancia, y automáticamente reorganiza las listas en base a nuestras opciones. Por ejemplo, ante la compra de un electrodoméstico podemos seleccionarlo en base al análisis conjunto de los aspectos medio ambiente, trato de los animales, trato de las personas, implicaciones políticas y sostenibilidad del producto, o por ejemplo, podemos modificar la importancia, pongamos por caso, de la sostenibilidad y el medio ambiente, y automáticamente, la lista se reordena recolocando aquellas marcas más concienciadas en este aspecto en primer lugar y recalculando sus puntuaciones.

Cada uno de los listados, además, incluye una explicación de las implicaciones de los diversos aspectos en relación con el sector en concreto, ya que no tiene el mismo impacto, por ejemplo, en el trato de los animales, la fabricación de una cocina que la de una crema hidratante. También incluyen consejos de uso para optimizar la utilización responsable de cada uno de los productos analizados.

Otra herramienta interesante, es el rating de grandes empresas, en las que podemos buscar el nombre de una marca,  producto o compañía y nos explican cuál es su comportamiento en los aspectos de análisis antes mencionados, vemos su calificación numérica (x sobre 20), además de poder consultar enlaces a los informes en el que los productos de esa compañía tienen algún protagonismo.

Ethical Consumer además promociona campañas de sensibilización y es plataforma de boycot a marcas/productos poco responsables. Incluye un apartado de consultoría para empresas interesadas en mejorar su desempeño ético.

Además de todas estas guías y herramientas gratuitas, puedes suscribirte a Ethical Consumer por unos 38 euros al año (29,95 libras), que permite una acceso completo a toda la información disponible, la posibilidad de personalizarla y los seis números de la revista.

Según afirman en su web, Ethical Consumer se financia con las aportaciones de los socios, los servicios de consultoría a empresas y las inserciones publicitarias en su revista, en la que solo pueden anunciarse empresas contrastadamente responsables.

Una app que te ayuda a consumir responsablemente

En SyS esperamos que poco a poco os vayáis concienciando de que a la hora de ir a comprar no solo hay que mirar el precio, sino que también es fundamental repasar el etiquetaje de los productos para saber dónde están fabricados, con qué tipo de ingredientes, con qué métodos, siguiendo qué estándares… Probablemente algunos penséis “qué lata mirar todo eso, yo miro que me guste y sea barato y listo”, pero nosotros queremos invitaros a realizar un consumo responsable, que ayudará a vuestra salud y sobre todo, a la de nuestro entorno. Así que seguimos con nuestra copla.

Uno de los primeros posts de este blog fue un pequeño catálogo de certificaciones ecológicas (etiquetas ecológicas) en produunnamed (1)ctos de alimentación/menaje-hogar/ropa, etc. Nos consta que es un
o de los posts más visitados, por lo que nos alegramos de poderos acercar una nueva herramienta en este sentido, que además os resultará mucho más práctica, ya que la podréis llevar y consultar en vuestro móvil.

Se trata de la app Labels for your Planet diseñada y lanzada InèditQuiero salvar el mundo haciendo marketing, y Solusoft y que recoge los principales estándares y etiquetas que certifican la fabricación ecológica, el uso de productos de origen orgánico o el tratamiento respetuoso de los medios naturales.  La app está disponible para Android y es gratuita.

La aplicación divide los sellos dependiendo del sector al que certifican (alimentación, hogar, ropa, energía, etc.) y explica de forma sencilla qué criterios son de necesario cumplimiento para  lograr la certificación. También indica quién otorga esa certificación y además, te permite seleccionar qué criterios son los que más te interesan a la hora de realizar tus compras para agrupar de forma sencilla todos los sellos y facilitarte la consulta.

Otra opción que te permite Labels for your Planet es valorar el grado de confianza que te da cada una de las certificaciones de manera que puedas guiar a otros usuarios a la hora de ayudarles a comprar. Por ejemplo, hay etiquetas como la de la Rainforest Alliance que, en nuestro caso, nos despiertan cierto recelo, ya que muchos productos de sospechosa sostenibilidad la lucen en sus etiquetas, y esta aplicación nos permitiría indicar estos recelos. Además, permite aportar ideas sobre nuevas certificaciones que deberían estar incluidas en el catálogo, de manera que pueda seguir creciendo de forma colaborativa.

Esta aplicación se une a nuestro top de apps útiles a la hora de la compra, en el que añadimos también la app de MSC para detectar las marcas de pescado (fresco, congelado y conserva) que usan artes de pesca respetuosas con el medio ambiente y que es otro de los indispensables de nuestros dispositivos móviles.