Vídeo

Date 10 minutos para reflexionar sobre tu papel en la destrucción del medio ambiente

 

En el Día Mundial del Medio Ambiente, hemos elegido este vídeo de National Geographic que explica, de forma muy gráfica, cual es nuestra huella en cuanto a consumo de recursos y producción de residuos en nuestro paso por el planeta. Vale la pena dedicar unos minutos a ser conscientes de ello y a comprometerse a hacer algo al respecto.

 

PD: Nos gustaría pensar que todos los materiales que se usan en el minidocumental se reutilizaron o eran materiales inservibles. Por eso de la coherencia y tal.

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El dilema del veganismo

photo by: John Olsson
photo by: John Olsson

 

No suelo escribir posts en primera persona, sobre mis posicionamientos, sino que suelo optar por una visión un poco más general y más informativa, pero esta vez creo que es lo más adecuado. Hace unas semanas que vengo acabando en conversaciones sobre la alimentación y las actitudes sostenibles/responsables, lo cual ha hecho que me cruce en el camino con no pocos veganos.  Por eso he sentido la necesidad de escribir este post, que no es una crítica sino la reflexión que yo misma me he hecho a la hora de valorar si consideraba ser vegana como una opción alineada con mi compromiso con el planeta.

Se entiende por veganismo, según la Wikipedia (ya que la RAE no contempla el término),  la práctica de abstenerse del consumo o uso de productos de origen animal. En el sentido más estricto, es una actitud ética caracterizada por el rechazo a la explotación de otros seres sensibles como mercancía, útiles o productos de consumo.

En resumen, el veganismo aboga por la no utilización de animales en el desarrollo del consumo humano, ni como alimento, ni como materia prima de ningún producto. Y de la misma manera, evitar que en cualquier proceso humano un animal sufra, ya que entiende que los animales no son objetos de nuestra propiedad.

Desde un punto de vista puramente ético, entiendo la posición de los veganos. Entiendo que quieran respetar a los animales, no producirles sufrimiento. Entiendo que no son de nadie (argumento que, por otra parte, podría ser aplicado perfectamente a las plantas). Pero,  mirando esta filosofía desde un punto de vista de sostenibilidad, y probablemente con más ingenuidad -y, probablemente ignorancia- de la que sería recomendable a ciertas edades, me pregunto si esta filosofía, al final, no acaba obstaculizando en cierta manera el desarrollo sostenible, y me pregunto también si siendo algo menos radicales en esta postura, es decir, racionalizando el uso de los animales en nuestro desarrollo no podríamos tener un impacto ecológico menor. Y quede abierto el debate.

El argumento en el que se sustenta el hecho de que hayamos llamado a este post “El dilema del veganismo”, es básicamente, que al renunciar al uso de material procedente de animales, debemos buscar un sustitutivo, que en muchas ocasiones, procede de fibras, materiales y elementos sintéticos procedentes del procesamiento del petróleo. Como se indica en esta página especializada en ropa y calzado vegano, muchos de los artículos están realizados con poliuretano, polipiel y otras fibras sintéticas, y solo algunos proceden de material reciclado. De la misma manera, cosas como la porcelana apta para veganos no usa porcelana de ceniza de huesos (Bone China), sino propyleno, y diversos minerales (cuarzo, feldespato…). Todos ellos materiales finitos y no renovables (aunque algunos sí que son reciclables).

El hecho de que el veganismo, impulsado por celebrities militantes como Gwyneth Paltrow o Moby, esté poniéndose de moda implica que cada vez más tendrán que producirse este tipo de materiales para satisfacer la oferta de los nuevos conversos.

Todo ello me hace preguntarme, ¿cómo sería un futuro 100% vegano?

Sospecho, aunque no tengo datos ya que no dispongo de los conocimientos para ello, que en un futuro vegano, sin uso de animales, habría algunas especies cuya readaptación sería muy comprometida, como todas aquellas vinculadas al mundo de la granja, cuya evolución tras años relacionados con la vida humana, desconozco si podría reconducirse a una vida salvaje.

También sospecho que la agricultura se vería comprometida en un futuro solo vegano, ya que no se podrían usar animales para diversos usos agrícolas, y en cambio, se debería recurrir a maquinaria, con sus consumos de fuel (o biomasa), y sus procesos mecánicos de construcción. Cuando, probablemente, en una agricultura ecológica, menos latifundista, habría una buena oportunidad de recuperar el trabajo animal para sustituir a la maquinaria.
Y cuando digo trabajo animal digo trabajo, no explotación. Es decir, animales que colaboran con el agricultor, y reciben a cambio cuidados y atenciones.
Tampoco se encuentra entre las prioridades del veganismo, como filosofía, el consumo de productos locales, mientras que por cuestiones dietéticas sí que se promulga el uso de semillas y frutos de procedencia exótica para reequilibrar algunas carencias de una dieta algo restrictiva, aunque, obviamente, optar o no por la agricultura de kilómetro cero no va ligado tanto al veganismo, sino a una convicción personal, y me consta que  hay veganos que hacen ese doble esfuerzo.

Por otro lado, es cierto que el veganismo reduciría de forma drástica la producción extensiva de granos y pienso, la emisión de metano por parte de los animales, las emisiones por transporte de los mismos animales, los residuos vinculados a la industria ganadera, así como los residuos de nuestros propios hogares y los grandes centros de distribución,  etc.

Otras preguntas que me surgen son cosas como, la actitud que debería tomarse ante los ataques de animales salvajes (cuyo número aumentaría al no estar relacionados directamente con el hombre), o por qué parecemos olvidar siempre que las plantas también son seres vivos  (y que solamente a priori no sienten, puede que sientan pero no tengan la capacidad de comunicarlo), o si, por el contrario, adoptar el veganismo reordenaría la cadena trófica, que según estudios recientes indican que el hombre no sería un gran depredador como pensábamos.

Insistimos, no es una crítica al veganismo, sino una reflexión de un blog cuya razón de ser es la introducción de ideas y actitudes que conduzcan a una relación más equilibrada con el entorno y el planeta. Una reflexión para que cada uno tome la actitud que considere más conveniente y ojalá sirva para encontrar caminos sostenible para todos, veganos, vegatarianos, flexitarianos y todo tipo de aproximaciones éticas a la cotidianeidad.

En todo caso, entendemos que podemos construir una sociedad en que los humanos y los animales podamos tener una relación respetuosa en la que unos saquemos beneficio de los otros. Es decir, una relación en la que el hombre pueda beneficiarse de las propiedades y usos del animal (y de las plantas), de manera racional y no sobreindustrializada, de la misma manera que el animal (y las plantas) pueda beneficiarse de una calidad de vida adecuada, de un paso por este mundo cuidado y lo menos explotado posible.
Y eso nos conduciría a todos a cambiar muchos hábitos, igual no con la contundencia del veganismo, pero sí con convicción: comer menos carne y productos procedentes de animales, utilizar materiales y materias primas de animales de los que se puedan hacer diferentes usos en lugar de productos procedentes de fuentes no renovables, reducir la ganadería masiva, proteger a las especies, reciclar y reutilizar aquello que ya está fabricado para evitar tener que generar más…

Que cada uno elija su nivel de compromiso y su perspectiva, pero al final cualquier aportación en conciencia para un mundo más equilibrado y sostenible nos va a enriquecer a todos.

La responsabilidad del ‘ciudadano empresa’

Las empresas como ciudadanos

Las empresas como ciudadanosEn una época en la que los mercados son, definitivamente, elementos indispensables a la hora de comprender el desarrollo mundial, y no solo a nivel financiero, las empresas son, más que nunca, ciudadanos.

¿Qué significa semejante afirmación? Básicamente que las empresas se han convertido en elementos indispensables en el equilibrio de nuestras sociedades, como generadores de empleo y riqueza, pero también como elementos de participación en el entorno, corresponsables de lo que sucede en él, y por tanto, ‘obligados’ a minimizar su impacto y ampliar su compromiso con el desarrollo de sus comunidades.

En definitiva, las empresas, en su papel de personajes protagonistas de esta obra que es nuestro sistema, tienen un papel importante a la hora de colaborar a que éste sea más justo, comprometido y equilibrado (sin olvidar que, en muchos casos, son las empresas las que tienen más capital disponible para invertir en este tipo de proyectos). De ahí el auge de la Responsabilidad Social Corporativa, RSC (o RSE en su vertiente Responsabilidad Social Empresarial).

Hablando con un amigo hace unos día sobre el tema (mi trayectoria profesional me está dirigiendo hacia ese sector) , él me comentaba que, claro, eso de la RSC no es más que una estrategia de imagen de las empresas. En resumen, una especie de máscara para “tapar” el capitalismo salvaje que presuntamente practican.

Si bien no soy ingenua y sé que hay una parte importante de marketing en las estrategias de RSC, también es cierto que creo firmemente que hay más de un directivo, CEO, manager, etc., que ha descubierto el amplio valor de la ética empresarial. Un valor que se mide en términos económicos, por supuesto, que para eso son empresas, pero también se mide en otros valores que aportan mucho más allá que simple dinero.

Una buena estrategia formativa entre los trabajadores, o una filosofía de retorno de lo contaminado (como por ejemplo la campaña de Compensación del CO2 emitido de Europcar), son, efectivamente, fórmulas para transmitir una cierta imagen (positiva) de la empresa, pero a la vez están realmente aportando su grano de arena a, aunque pequeño, a solventar los problemas asociados a su gestión que generan. Cualquier acción humana tiene un efecto sobre el entorno: proponer formas de reducir ese impacto va más allá de una simple cuestión de imagen.

Por eso, considero que las empresas deben afrontar dar el paso a una política activa de Responsabilidad Social Corporativa desde el prisma de su papel en la sociedad, como un ciudadano más, con obligaciones y derechos, y con la capacidad (hipermultiplicada respecto a lo que podemos hacer tú y yo) de actuar y de realmente generar un cambio positivo a nivel ecológico, económico y social en su entorno.

De ahí que adoptar una estrategia de RSC no debe afrontarse desde la ‘obligación’ sino desde una actitud de positiva. Creyendo en ello. Siendo capaz de ver todos los beneficios que aporta a las cuentas de la empresa, y sobre todo, al ambiente y al compromiso de los que trabajan en ella.

Y por supuesto, no hay prisa. No hace falta empezar la casa por el tejado, ni que la empresa se convierta en una suma de Superman y la Madre Teresa de Calcuta, simplemente hace falta que poco a poco, con calma y con alguien al frente motivado y que crea en ello, se vaya contagiando el espíritu en todos los trabajadores, desde el peón a tiempo parcial hasta el CEO.

Los resultados hablarán por sí solos.

¿Cómo ser sostenible con un presupuesto en crisis? (I)

Help the EarthHay quien pone como excusa el alto precio de los productos ecológicos para no asumir gestos sostenibles en su día a día. Es cierto que la compra bio resulta más cara  -aunque tiene otros beneficios que, puestos en la balanza, equilibran bastante el coste- pero es que tener un estilo de vida sostenible no se reduce a comprar bio. De hecho, solo comprando bio nuestra aportación real a reducir nuestra huella ecológica y acabar con las desigualdades laborales y sociales es relativamente pequeña.

¿Qué puedo hacer sin gastar demasiado dinero y que sea beneficioso para el entorno? Muchas cosas, que no solo revertirán en nuestro medioambiente y en la vida de los que no rodean, sino que, en muchos casos, nos permitirán ahorrar unos cuantos eurillos… Mira, igual los podemos dedicar a comprar alguna cosita bio de vez en cuando

En este post y otros que vendrán iremos añadiendo nuevos pequeños gestos que nos permitirán, sin coste, y poco a poco, cambiar nuestras costumbres.

En casa:
– Cambia progresivamente tus bombillas a las de bajo consumo o a las LED.  Sube las persianas y deja entrar la luz natural, intenta no encender la artificial hasta entrada la tarde.
-Apaga siempre todos los electrodomésticos después de su uso, no dejes la tele o el DVD en stand by, si tienes vitro, apaga un rato antes de acabar la cocción para aprovechar el calor acumulado.
-Asegúrate que tus ventanas y puertas exteriores están bien aisladas. Puedes mejorar el aislamiento con cintas aislantes o bien colocando toallas o mantas en invierno en los resquicios para evitar que se cuele el frío. De esta forma, podrás tardar más en tener que activar calefactores y estufas, y el calor que estas generen se mantendrá por más tiempo en tus habitaciones.
-Cómprate una buena chaqueta de lana, un buen jersey o calentadores, y con eso y una mantita, puedes pasar la tarde en el sofá sin pasar frío y sin usar calefactores.
-En verano, abre puertas y ventanas, viste ropa ligera por casa, y usa abanicos y otros sistemas para ahorrar en aire acondicionado.
– Regula la temperatura de la nevera según las necesidades reales de tus alimentos. En invierno no es necesario que esté a toda potencia, por ejemplo.
-Procura no tener la nevera totalmente vacía. Si llega fin de mes y queda poca cosa, rellena con botellas de agua, así también gastas menos. Tampoco pongas cosas calientes, espera a que se enfríen al natural antes de introducirlas en el frigorífico ¡Y abre y cierra la puerta rápido!
-Lava la ropa siempre que puedas con agua fría.
-Controla tu gasto de agua. Cierra los grifos cuando no los uses, cambia el botón de la cisterna por uno de dos intensidades, no te afeites o depiles dentro de la ducha (usa la pila o un barreño), al lavarte los dientes, usa un vaso para enjuagarte al lavarte los dientes.  Pon un filtro reductor de caudal en los grifos para aumentar la presión del agua, reduciendo consumo.

En la compra:
– Intenta comprar los productos frescos de forma más periódica (cada día, cada semana) en lugar de hacer una gran compra mensual. Así calcularás mejor lo que te hace falta y se estropeará menos la comida, generando menos residuos y desaprovechando menos los alimentos.
-Si algo está empezando a estropearse, cocínalo (hiérvelo, hazlo al vapor, etc.) y congélalo. Te durará un poco más y tirarás menos comida.
– A la hora de comprar, selecciona productos con caducidad lo más larga posible, y recuerda, la fecha de consumo preferente no indica que el producto no se pueda consumir, sino que habrá perdido alguna de sus propiedades organolépticas pero seguirá siendo consumible.
– Pregunta siempre de dónde proceden los alimentos que compras. Cuanto más lejos, más huella ecológica. Resulta sorprendente que en una país como España, rico en vegetales y frutas, por ejemplo, consumamos naranjas turcas o manzanas chilenas, en resumen, comida que ha viajado más que nosotros. Si puedes, compra productos lo más locales posibles. Lo ideal es que hubieran podido viajar en Cercanías o en un bus interurbano.
-Si en el paquete no indica de dónde procede el alimento o qué empresa lo fabrica (típico en las marcas blancas), podéis consultarlo a través de su número de registro sanitario.
– Compra en los pequeños comercios de tu barrio. Igual el precio es un poco más caro que en las grandes superficies, pero verás la diferencia en el servicio, en la confianza y en los pequeños detalles que tendrán contigo. Además, alimentaras el tejido comercial de tu zona.
– Lleva tu propia bolsa (una plegable en el bolso, por ejemplo), y ahorrás en dinero y en residuos.
-Lo mismo que es aplicable a la alimentación, lo es también al resto de productos (ropa, calzado, etc.), lo ideal es buscar el “made in Spain”, o al menos, de países de la UE. No es fácil, pero vale la pena ante sucesos como los de Bangladesh. Nadie quiere vestir ropa manchada de sangre.

En la ciudad:
-Utiliza el transporte público. Ahorrarás en contaminación, en estrés, en dinero… Aunque a veces el trayecto sea más largo, le sacarás más provecho.
– Sé cívico. Respeta el mobiliario urbano, respeta el orden en las filas, sonríe, saluda a tus conocidos y vecinos, cumple con las normativas, no tires papeles al suelo, no abuses del uso de lo que la ciudad pone a tu disposición, comparte… Parece que eso no tienen nada que ver con la sostenibilidad, pero el respeto con tu entorno no puede limitarse a lo material. También lo inmaterial como la amabilidad y la educación mejoran nuestra calidad de vida.
-Haz deporte. Cuida tu salud y tu cuerpo y contribuirás a la reducción tanto del estrés como de los problemas de salud en la ciudad, contribuyendo al ahorro del sistema sanitario, a la vez que, obviamente, tú te sientes infinitamente mejor.
-Anima a tu municipio a promocionar que taxistas y transportistas usen medios menos contaminantes.
-Pon flores y plantas en tus balcones, alegra tu barrio y contribuye a aportar algo de oxígeno.
-Enrólate en actividades de barrio. Te ayudará a mejorarlo, a conocerlo y amarlo… Y las cosas que se aman se cuidan mejor.
– Separa los residuos en casa y lleva cada uno a su contenedor. Recuerda que hay cosas que hay que llevar al punto limpio, es verdad que suelen estar lejos y es un poco coñazo, pero vale la pena.

En el trabajo:
– Propón usar material reciclado como material de oficina. Probarlo al menos no cuesta nada.
– Reduce tu consumo de papel, imprimiendo a dos caras, asegurándote de que necesitas lo que imprimes, pasando documentos en pdf a tu ebook, por ejemplo…
– Apaga siempre el ordenador al irte, así como las luces, climatización, etc.
– Mantén limpio tu puesto de trabajo. Facilitarás la labor del personal de mantenimiento y limpieza, tendrás siempre a mano lo que necesites, no gastarás material extra porque no encuentres el otro…
– Si trabaja sentado, tómate un par de minutos de vez en cuando para estirar las piernas, cerrar un poco los ojos, etc… Cuanto más cansado o estresado estés, rendirás menos y estarás de peor humor lo que generará mal ambiente. Obviamente, uno hace lo que puede, pero tiene que lidiar con el resto. De todas formas, que por ti no quede.
-Usa vasos reutilizables, estilo Keep Cup, para tus cafés, o si tienes máquina de vending, sugiere que se provea de café y azúcar de comercio justo.

¿Me gasto 100 euros en unos vaqueros?

página web nudiejeans.com

página web nudiejeans.comVivimos en la era de las camisetas a 1,99€ y de los pantalones de 12,99€. Entramos en las tiendas de las grandes cadenas y vemos cantidades industriales de ropa a precios muy asequibles, y de hecho, algunas de las grandes marcas ya han activado segundas líneas low cost para todos los bolsillos. Lo llaman la democratización de la moda. Nosotros lo llamamos derroche.

Derrochar, malgastar, consumir irresponsablemente. ¿Realmente tiene algún sentido comprar tanta ropa solo porque es barata? ¿Cambiar cada año de bolso, de vaqueros, de camisetas, de zapatos, aunque los del año anterior estén aún en condiciones? ¿Cuánto duran esas camisetas de 1,99€ ?
Seguro que todas vuestras madres aún tienen vestidos, chaquetas, pantalones, de los 70 y de los 80 en buen estado. En cambio ¿cuántos de vuestros vaqueros de hace dos o tres años están aún en condiciones de llevarse sin enseñar partes pudendas?

La “democratización de la moda” nos ha llevado a un consumo descontrolado de prendas que, o bien no llegamos a usar hasta el final o bien se estropean en un par de puestas. Materiales de mala calidad, patrones demasiado “temporales”, y sobre todo, no hay que olvidar preguntarse cuánto debe cobrar el señor/la señora/el niño que ha hecho esa prenda que tu compras por 1.99€, y cuyo precio, incluye la promoción de la marca, el transporte, otros costes logísticos, las materias primas y esa preciosa bolsa con cuerdecitas que te dan.

En este marasmo de ropa y más ropa que aparece y desaparece de los escaparates en un sinsentido de tendencias, nos hemos encontrado con una iniciativa que nos ha encantado.  Se trata del Repair Kit de la marca de vaqueros fabricados con material orgánico y con procesos de fabricación responsables, Nudie Jeans.
La marca, que produce vaqueros y complementos para hombres, dedica un apartado completo de su página web a mostrar cómo reciclar y reparar sus vaqueros y sus productos, de manera que un simple enganchón no convierta a sus pantalones o camisetas en simple basura.

De acuerdo, sus vaqueros cuestan un media de 100 euros, pero, ¿has intentado alguna vez calcular cuantos euros te gastas en camisetas de 1,99€ y vaqueros de 12,99€? Probablemente, salga mucho más a cuenta hacer una buena inversión en un par de vaqueros “de confianza”, hechos con responsabilidad y buenos materiales, y que además, puedes reparar cuando quieras con solo un poco de pericia.

Antes de salir de compras, piénsalo dos veces. ¿Necesitas todas esas camisetas y vaqueros? ¿Te los vas a poner? Entendemos que no todo el mundo está en disposición de comprar ropa a 100 o más euros (aunque a veces un simple cálculo de lo que nos gastamos low cost reporta muchas sorpresas), pero tenemos maneras no solo de comprar ropa “reparable”, como esta de Nudie, sino también de comprar la ropa con un poco de responsabilidad.

Es tan sencillo como ir a los outlets y las tiendas vintage, de manera que reutilizamos ropa que ya ha sido rechazada por los grandes circuitos comerciales [cuidado con las marcas low cost que venden en algunos outlets y que en realidad no es ropa descatalogada, sino ropa fabricada ex profeso para el outlet] o bien revisar en las etiquetas dónde están fabricadas las prendas que compramos, priorizando siempre España y los países europeos. Y avisamos, no será fácil, en ocasiones, poder elegir qué comprar, pero al menos sabremos que está hecho con un poquito de sentido y sostenibilidad.

Y si, al intentar comprar ropa hecha en España o en Europa os dais cuenta de lo difícil que resulta y se os despierta un cierto malestar, os recomendamos que os informéis sobre la campaña Ropa Limpia que desde hace años lleva a cabo SETEM