Nuestro entorno nos importa una mierda

urban-traffic-577084-mSí, nos hemos dejado llevar y hemos puesto un titular amarillete. A ver si así alguien se da por aludido. Porque lo cierto es que comienza a ser urgente que nos pongamos las pilas si queremos salvar lo que nos queda de planeta y conseguir vivir en una sociedad y un entorno sano y en equilibrio.

Que un sector de la sociedad empiece a interesarse por la consciencia ecológica está muy bien. Pero recordemos que ser más consciente implica mucho más que comprar de vez en cuando en el super ecológico.

Según el último eurobarómetro de la UE, en España solo 1% de la población tiene como primera preocupación el Medio Ambiente, la energía y el cambio climático. Y los que lo tienen en segunda o tercera opción no llenarían el Camp Nou, nos tememos.
Para añadir una cifra, solo el 8% de la población española, según esta encuesta continental, considera que el Cambio Climático es un problema del que preocuparse.

Señores, tenemos un serio problema. Según el Eurobarómetro especial dedicado a la movilidad en las ciudades, solo un 15% de españoles usa el transporte público diariamente, y si nos metemos en el tema bici, solo un 4% de la población lo hace de forma habitual. Y eso que a nosotros nos sobra el sol y el buen clima.

Podemos adherirnos a las cifras, o a la simple experiencia en nuestras grandes ciudades. En lugares como Madrid aún existen muchos edificios cuya calefacción central funciona con carbón (es fácil ver, por Chamberí o Moncloa, camiones descargando en las carboneras de las fincas).  Y, sinceramente, eso es de echarse las manos a la cabeza.  La crisis, además, ha incrementado el uso de braseros, carbón y leña para calentarse en hogares sometidos a la pobreza energética. Es una solución, pero, obviamente, pan para hoy y hambre para mañana, porque el impacto en la contaminación ambiental es enorme.
No hace mucho, Madrid y Barcelona se despertaban con boinas de polución que, en algunos barrios incluso desaconsejaban la práctica del deporte… Y por supuesto, olvidémonos de usar la bici cuando solo vamos a (no) respirar.

Porque, como el entorno nos la trae al pairo, no hay problema en pasarse el día con la calefacción puesta a todo meter. De hecho, seguro que todos habéis escuchado al amigo que se vanagloria de ir por casa en manga corta en pleno mes de enero. Es invierno; ir tapados es lo suyo. No hace falta estar en ambiente tropical todo el año.

Tampoco vemos el problema en usar el coche para absolutamente todo. Por ejemplo, llevar a los niños al cole. Dando buen ejemplo a las nuevas generaciones. Enhorabuena. Somos capaces de meternos en el centro de una ciudad y tirarnos una hora buscando donde aparcar antes que “rebajarnos” a mezclarnos con la plebe en el transporte público. Da que pensar sobre nuestra falta (o nuestro exceso) de escrúpulos.

Tampoco nos duelen prendas, y nunca mejor dicho, a la hora de comprarnos ropa nueva cada dos semanas porque nos hemos cansado de la de la semana anterior. “Es que ya está pasada de moda”, diréis. Almas de cántaro: la moda se pasa solo si nosotros queremos que se pase. Si nos dejamos llevar por ese consumismo descontrolado que nos transmiten las grandes cadenas textiles, que nos emiten mensajes en los que nuestra seguridad en nosotros mismos depende de nuestra ropa. O de nuestra tecnología, que también la usamos, tiramos y cambiamos como si fueran pañuelos de papel.
De la misma manera, seamos sensatos y no empujemos a nuestros proveedores de servicios a estar modificando constantemente su material/equipamiento porque nos parece antiguo. Recordad que todo, todo se puede reparar. Y no será el último modelo, pero la cosa es que funcione.

Conste que desde S&S no estamos en contra del consumo, en todo caso sí del consumismo. Consumir con sentido común nos va a permitir crecer a todos, consumir como descosidos no hace más que empobrecer nuestro espíritu, enriquecer a unos pocos y dejar en la miseria a los últimos eslabones de la cadena productiva. Con una economía consciente en la que todos trabajemos para todos, respetando el entorno y produciendo lo necesario, nos ahorraríamos en desperdicios, y os aseguramos, que teniendo lo necesario y colaborando a que todos los tengan, sin generarnos angustia por tener cada día más, se vive mucho más feliz.

Comprar en el super ecológico está muy bien, y es un gran paso. Pero hay miles de pequeños pasos que podemos, y a estas alturas, debemos dar.

  • Apagar un interruptor.
  • Dejar el coche solo para las ocasiones imprescindibles.
  • Reducir la calefacción y tirar de sudadera o jersey.
  • Reducir nuestros desperdicios.
  • Comprar ropa duradera, y solo la que realmente necesitamos para tener un ropero que nos de juego.
  • Comprarla en lugares que nos certifiquen su calidad, y sobre todo, la calidad de vida de todos los que participan en su producción.
  • Generar sinergias en tu entorno, comprando en el comercio local, producto local, participando en iniciativas que ayuden a crecer a tu barrio, denunciando y luchando contra la gentrificación.
  • Apagar los aparatos que no usas cuando te vas a dormir (que levante la mano quien no se deja el wifi encendido toda la noche).
  • Viajar con criterio sin explotar personal o medioambientalmente a las sociedades receptoras…

¡Hay tanto que se puede hacer y tanto que no hacemos porque como somos esos seres superiores del primer mundo, comodones y estupendos no queremos hacer!

A todo esto, y como reflexión final, pero no por ello menos importante, la conciencia medioambiental no es cosa de unos pocos hippies trasnochados. Ni debe ser un patrimonio exclusivo de los movimientos/partidos de izquierdas. En ese sentido nos horrorizó la frase que le dijeron a Carolina Punset en una reunión de Equo, algo así como que “es imposible ser verde y no ser de izquierdas”.
Lo que es imposible, señoras y señores, es cuidar el planeta contando con solo unos pocos. Lo que es imposible es salvar lo que nos queda cerrando las puertas a los que “no piensan como nosotros”. En esto tenemos que entrar todos. No se trata de ideologías, porque el sentido común no es una ideología. Aquí, o nos arremangamos todos, y en primer lugar aquellos que tienen a su disposición más medios, influencia y contactos o nos vamos todos al hoyo. Cuanto más sectario, excluyente y cerrado sea el movimiento verde, peor. Porque, sinceramente, nosotros en SyS tampoco querríamos ser “amiguitos” de algunas de las personas que se cuelgan la medalla de ser los más ecológicos de nuestro país, pero nos quitamos el sombrero ante lo mucho que hacen y queremos aportar también nosotros, sea cual sea nuestra opción política.

Pero la cosa no está en quien lo hace mejor. La cosa está en hacerlo, y a día de hoy y vistas las pruebas, señoría, insistimos: nuestro entorno nos importa una mierda.

La responsabilidad del ‘ciudadano empresa’

Las empresas como ciudadanos

Las empresas como ciudadanosEn una época en la que los mercados son, definitivamente, elementos indispensables a la hora de comprender el desarrollo mundial, y no solo a nivel financiero, las empresas son, más que nunca, ciudadanos.

¿Qué significa semejante afirmación? Básicamente que las empresas se han convertido en elementos indispensables en el equilibrio de nuestras sociedades, como generadores de empleo y riqueza, pero también como elementos de participación en el entorno, corresponsables de lo que sucede en él, y por tanto, ‘obligados’ a minimizar su impacto y ampliar su compromiso con el desarrollo de sus comunidades.

En definitiva, las empresas, en su papel de personajes protagonistas de esta obra que es nuestro sistema, tienen un papel importante a la hora de colaborar a que éste sea más justo, comprometido y equilibrado (sin olvidar que, en muchos casos, son las empresas las que tienen más capital disponible para invertir en este tipo de proyectos). De ahí el auge de la Responsabilidad Social Corporativa, RSC (o RSE en su vertiente Responsabilidad Social Empresarial).

Hablando con un amigo hace unos día sobre el tema (mi trayectoria profesional me está dirigiendo hacia ese sector) , él me comentaba que, claro, eso de la RSC no es más que una estrategia de imagen de las empresas. En resumen, una especie de máscara para “tapar” el capitalismo salvaje que presuntamente practican.

Si bien no soy ingenua y sé que hay una parte importante de marketing en las estrategias de RSC, también es cierto que creo firmemente que hay más de un directivo, CEO, manager, etc., que ha descubierto el amplio valor de la ética empresarial. Un valor que se mide en términos económicos, por supuesto, que para eso son empresas, pero también se mide en otros valores que aportan mucho más allá que simple dinero.

Una buena estrategia formativa entre los trabajadores, o una filosofía de retorno de lo contaminado (como por ejemplo la campaña de Compensación del CO2 emitido de Europcar), son, efectivamente, fórmulas para transmitir una cierta imagen (positiva) de la empresa, pero a la vez están realmente aportando su grano de arena a, aunque pequeño, a solventar los problemas asociados a su gestión que generan. Cualquier acción humana tiene un efecto sobre el entorno: proponer formas de reducir ese impacto va más allá de una simple cuestión de imagen.

Por eso, considero que las empresas deben afrontar dar el paso a una política activa de Responsabilidad Social Corporativa desde el prisma de su papel en la sociedad, como un ciudadano más, con obligaciones y derechos, y con la capacidad (hipermultiplicada respecto a lo que podemos hacer tú y yo) de actuar y de realmente generar un cambio positivo a nivel ecológico, económico y social en su entorno.

De ahí que adoptar una estrategia de RSC no debe afrontarse desde la ‘obligación’ sino desde una actitud de positiva. Creyendo en ello. Siendo capaz de ver todos los beneficios que aporta a las cuentas de la empresa, y sobre todo, al ambiente y al compromiso de los que trabajan en ella.

Y por supuesto, no hay prisa. No hace falta empezar la casa por el tejado, ni que la empresa se convierta en una suma de Superman y la Madre Teresa de Calcuta, simplemente hace falta que poco a poco, con calma y con alguien al frente motivado y que crea en ello, se vaya contagiando el espíritu en todos los trabajadores, desde el peón a tiempo parcial hasta el CEO.

Los resultados hablarán por sí solos.