El silencio como bien escaso

Dado que este blog está orientado, principalmente, a los urbanitas, no podíamos pasar por alto uno de los mayores problemas de contaminación y a la vez una de las más baratas y mejores maneras que tenemos los ciudadanos de contribuir a una ciudad más sostenible: el silencio.

En el corazón del concepto de ciudad, y más aún en nuestra cultura de calle y de jarana, se encuentra el ruido. Estamos tan acostumbrados a él que lo que nos sorprende es que, de repente, no se oiga nada.  Aunque nuestro instinto de supervivencia urbana nos haya hecho inmunes al bullicio descontrolado de la ciudad, lo cierto es que nos afecta tanto a nivel psicológico, como a nivel físico. Y además, contribuye a la erosión de las ciudades de forma directa e indirecta, ya que la agresividad que puede provocar en nosotros la presencia de ruido, puede conducirnos a no ser cívicos y por tanto, a tomar actitudes que perturben a nuestros conciudadanos y a nuestro entorno.

Nadie da ya valor al silencio. Y nadie educa en el valor del silencio, lo cual, es más preocupante. Al contrario, se promocionan actividades que invitan al ruido, se disculpan algunas actitudes con cosas como «los jóvenes son ruidosos» o «si vivo en esta calle, es normal que haya ruido en casa».

En el caso de la ciudad de Madrid, la legislación de la comunidad autónoma pone un objetivo de calidad acústica (algo así como el límite máximo deseable) en 73 decibelios, cifra que es válida para zonas industriales (a priori, no habitadas).  En zonas residenciales, el objetivo va de los 55 a los 65 dB. La Organización Mundial de la Salud indica que el límite saludable es de 50dB. O sea, ni siquiera la legislación se ve capacitada ya a recortar el ruido a niveles contrastadamente seguros. Pero aunque existe ese límite, os invito a bajaros cualquier medido de dB a vuestro Android o iPhone. Probadlo en una calle de Madrid, normalita, a una hora del día normalita. La medición oscila entre los 67 y los 74 decibelios, y en según que casos, llega tranquilamente a los 90 dB.  Según está demostrado científicamente, 90dB de forma sostenida, durante 2 o 3 horas al día y durante un periodo de tiempo produce sordera. Estar sometido a ruido por encima del límite de la OMS de forma continuada afecta a nuestro estado de ánimo, a la calidad del descanso y puede conducir a ansiedad, angustia, agresividad, depresión y también a enfermedades orgánicas, sobre todo, las relacionadas con el aparato digestivo.

Pero ya no es solo cuestión del ruido que genera la ciudad en su conjunto. Sino del ruido que generamos nosotros. Hay mucho trabajo que hacer a nivel ciudadano en ese aspecto. En primer lugar, la autocrítica. Escuchemos nuestro hogar. ¿A qué volumen tenemos la tele? ¿Y la música? ¿Cuánto ruido hacen nuestros electrodomésticos? ¿Hay alguna manera de reducirlo?

  • Cambia la aspiradora por la escoba
  • – Reduce el uso del microondas.
  • – Revisa el estado de tus electrodomésticos y cuando se rompan, cómpralos A o A+, ya que producen menos ruido (al cambiar mi nevera hasta me asusté, porque pensé que no funcionaba de los silenciosa que era).
  • – Usa auriculares inalámbricos cuando quieras escuchar música, o ponla a un nivel bajo.
  • – Insonoriza tu casa (será un templo de paz para tí, y no molestarás a los vecinos).
  • – Aísla las ventanas, usa doble acristalamiento (también te permitirá ahorrar energía a la hora de calentar tu casa).
  • – Pon alfombras en el suelo, o elige suelos aislantes del ruido como el corcho o el bambú (que además, es sostenible).

Pero no solo hay cosas «técnicas» que se pueden hacer. Recuerda que tú también produces ruido, y que además, estás conviviendo con otras personas a las que hay que respetar.

  • -Reduce el volumen de los aparatos multimedia, tanto en casa como en la calle, el transporte público, el coche.
  • -Revisa las emisiones de tus vehículos.
  • -Habla en un tono sosegado cuando estés en un espacio público compartido o en la calle.
  • -Educa a tus hijos en el valor del silencio.
  • -No uses el móvil o el reproductor de MP3 sin auriculares.
  • -Al abandonar restaurantes, clubes, bares o instalaciones deportivas durante la noche, reduce el tono de voz a un susurro, recuerda que hay gente durmiendo, o haciendo lo que le dé la gana que no tiene porque aguantar tu euforia.
  • -Conciénciate y denuncia. Si en tu calle hacen botellón, si un vecino tiene la tele a tope a horas que no tocan, etc… Da el paso. El silencio es un derecho al que hemos renunciado demasiado alegremente.

Para finalizar, os invitamos a ver el programa Naturalmente de RTVE, en el capítulo que dedicaron al ruido y la contaminación acústica y reflexionar sobre nuestro papel en luchar contra este fenómeno. Para los que dicen que ser sostenible y consciente es cosa de gente con dinero y que es caro, un nuevo elemento que demuestra que cuidar de nuestro entorno es gratis.

Bioemprendedores I: Biocotonniers, ropa ecológica a precios asequibles

Si alguna vez habéis intentado adquirir moda ecológica os habréis encontrado con el hándicap del precio, que suele ser muy elevado si lo comparamos con las grandes cadenas de distribución, y por supuesto, si olvidamos «pequeños detalles» como la calidad de la ropa, la durabilidad del producto o el hecho de que la gente que fabrica ropa ecológica y Fairtrade recibe salarios justos y tiene condiciones de trabajo dignas, algo que no podemos asegurar prácticamente nunca en la ropa de marca tradicional.

biocotonniers moda ecológicaA los responsables de Biocotonniers (calle Gravina 1, casi esquina con calle Hortaleza, en Madrid) les pasaba un poco lo mismo. Les resultaba complicado encontrar distribuidoras que hiciera ropa con tejidos respetuosos con el medio ambiente y en condiciones laborales justas que tuvieran un coste que permitiera venderlas a un precio asequible.

La historia de Biocotonniers se remonta a hace unos nueve años. En aquel entonces comercializaban ropa de tipo étnico, pero tras visitar una feria, sus responsables se quedaron prendados de la moda biológica, y ahí empezó una nueva singladura, con un objetivo concreto: ropa ecológica para todos.

No solo por precio, sino por aspecto. Rehuir de las piezas de ropa que pudiera acabar clasificando a sus usuarios dentro de una cierta forma de pensar/actuar. Buscaban básicos, ropa que pudiera llegar a cualquier, con o sin inquietudes en relación con la sostenibilidad.

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Aunque encontraron algunas marcas con precios más o menos asequibles  -BrainTree, con piezas entre 20 y 50 euros, La Naturelle, rondando los 20-30 euros, o la ya desparecida Earth Collection, del que aún tiene algo de stock- decidieron dar un paso más, y desde hace cosa de un año tienen su propia marca, Biocotonniers.

Se trata de ropa confeccionada en España con textiles de procedencia estadounidense, básicamente

biocotonniers moda ecológicaalgodón ecológico aunque no descarta acercarse a otros tejidos. A día de hoy tienen dos o tres modelos disponibles, pero el objetivo es ir pudiendo comprar más cantidad de tela, para rebajar costes y acercar cada día más el precio de las prendas ecológicas a un precio popular que pueda ser accesible a cualquier bolsillo. Siempre con prendas ponibles y con patronajes sencillos y clásicos.

Y con la ventaja de estar ante un producto de calidad, que soporta bien los lavados y planchados y que protege a las persona que los fabrican.

En Biocotonniers también encontraréis algunos foulards y bufandas, calcetines y una pequeña oferta de zapatos de hombre. Poco a poco, la idea de sus creadores es ir ampliando un poco la oferta para hacer llegar la moda consciente cada vez a más público.

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La cuarta R de la sostenibilidad

Cuando hablamos de sostenibilidad solemos recordar las tres R, Reduce, Reutiliza y Recicla. Pero hay una cuarta R, que no solo genera un entorno sostenible medioambientalmente, sino también económicamente: REPARAR.

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¿Por qué, alegremente, desechamos algunos productos cuando han dejado de funcionar? Todos hemos oído hablar de la obsolescencia programada, pero parece que olvidamos que existe un camino, sino para luchar contra ese fenómeno, al menos para irlo bordeando.

Hay muchas cosas que se pueden reparar, algunas en nuestra propia casa (por ejemplo, zurcir unos calcetines) y otras a manos de expertos, de profesionales, que desgraciadamente se están perdiendo: Zapateros, modistas, herreros, lateros… Y no solo en cuestiones tradicionales, también en aspectos tecnológicos preferimos comprarnos algo nuevo a reparar el antiguo. ¿Sale más caro? Quizá, pero también estamos reduciendo consumo, gasto energético, gasto de materia prima… Y al final ¿no estábamos satisfechos con el rendimiento del producto? Pues no tiene sentido descartarlo…

Mantener y promocionar este tipo de profesiones solo tiene sentido si pensamos usarlas. Usar a tu zapatero para reparar ese zapato baqueteado pero que te en

canta, en lugar de comprar otro, genera riqueza en tu entorno directo, en tu barrio. Recuperar estas profesiones, recupera una parte de la economía local que se está perdiendo y que está contribuyendo al empobrecimiento comercial de los barrios y las zonas menos céntricas de las ciudades.

Además, mantiene una serie de tradiciones populares de arraigo, de conocimientos transmitidos de generación en generación, y obviamente, en el caso de que nosotros mismos nos animemos a aprender, nos ofrece nuevas actividades que aprender, nuevos retos manuales o intelectuales, y aún más conocimiento que transmitir.

Pescado respetuoso con el medio ambiente (+ guía de WWF)

etiqueta MSCDescartes, sobrepesca, contaminación acuática… Muchos elementos se cruzan en la mente del consumidor sostenible a la hora de elegir qué pescado es más responsable comprar.

Y ya no digamos si tenemos que aprendernos las zonas pesqueras de la FAO para saber si nuestras almejas son gallegas, chilenas, chinas o extraterrestres… Básicamente casi tocaría ir con un mapamundi en el bolsillo.

Finalmente, tenemos ya una herramienta que nos va a ayudar a seleccionar mejor nuestras compras de pescado, la etiqueta MSC, que veréis anunciada en algunos Mupis de las grandes ciudades españolas. Esta etiqueta, auspiciada por el Marine Stewardship Council garantiza que el pescado que compraremos ha sido atrapado siguiendo prácticas sostenibles, como mantener y restablecer  a niveles saludables las comunidades de especies a ser capturadas, mantener la integridad del ecosistema (cosa, que generalmente no hace por ejemplo, la pesca de arrastre), y ayudar a la recuperación de las zonas más esquilmadas.

Además, la MSC ha ideado una aplicación para el móvil que te permitirá consultar si la pieza que vas a adquirir es susceptible de haber sido pescada de manera sostenible o no. Actualmente solo está en inglés.

Si lo que queréis es información en español, también puedes consultar la guía publicada por WWF hace unos días, con consejos adaptados a nuestros mercados, para poder comprar pescado responsable. 

Andando con los pies en el cielo

Los hechos acaecidos en las fábricas textiles de Bangladesh han bajado del guindo, al menos, momentáneamente, a algunos consumidores de moda. Saber de las condiciones laborales, sueldos, etc., de los trabajadores explotados, quizás (y solo quizás) harán que seamos más conscientes de la importancia de mirar las etiquetas de la ropa  y comprar con conciencia.

En Sentido y Sostenibilidad vamos a dedicar un especial esfuerzo en daros a conocer propuestas de moda que nos permiten consumir de forma consciente, y estar la mar de guapos, sin cargar con el peso de las vidas de personas explotadas, y sin pensar que para hacer un par de zapatillas se han tenido que esquilmar las reservas naturales de algún país del Tercer Mundo. Hoy vamos a empezar hablando de zapatillas deportivas, y todas las referencias de tiendas y marcas las podréis ir encontrando en nuestra nueva sección El Armario de S&S

Y hablando de zapatillas, por ahí empezaremos.

Probablemente, el mundo de la ropa deportiva fue de los primeros en generar polémica sobre las condiciones laborales de los trabajadores. Además, suele ser uno de los sectores donde las modas cambian más deprisa: las zapatillas del año pasado, aunque estén bien, no nos valen para el siguiente. A excepción de algunos «clásicos» como las Chuck Taylor de Converse, marca que trabaja con materiales como el NPE, que genera problemas reproductivos en los trabajadores de sus fábricas además de desequilibrios medioambientales y de otros trastornos.

Ante esto ¿qué podemos hacer? Pues confiar nuestro look a empresas que ya están produciendo zapatillas deportivas modernas, de calidad y además hechas con sentido y sostenibilidad.

Hablábamos de las Chuck Taylor de Converse, que son un must entre cualquier trendy que se precie. Pues tenemos la

ethletic

versión sostenible a través de la empresa sueca Ethletic.

Son zapatillas realizadas inspirándose en el clásico de Converse, pero hechas en algodón biológicode comercio justo, con
suela de látex procedente de bosques controlados FSC y manufacturadas siguiendo cánones éticos con los trabajadores.

Las hay en todos los colores, en baja y media caña, y en una amplia gama de tallas, y cuestan alrededor de los 60 euros (no mucho más que unas Chuck Taylor) y en algunas tiendas como ecopasion.com podéis encontrarlas de oferta por algo menos de 30 euros.

Si estas os parecen demasiado mainstream (estamos de un moderno que lo petamos), podemos recurrir a For Your Earth,  una compañía francesa que crea zapatillas deportivas hechas con algodón orgánico, goma y plásticos reciclados, y suficiente honestidad como  para reconocer que aún no han logrado hacer el 100% de las zapatillas de origen ecológico o reciclado.  Además, una parte de lo que se ingresa en la venta de las zapatillas (un 5% según ellos mismos dicen) se reinvierte en la mejora de las condiciones laborales de los trabajadores, sobre todo, en aspectos relacionados con la salud.

 for your earth summer 2013El precio de la gama baja de estas zapatillas ronda los 45 euros, aunque, una vez más, podemos encontrar ofertas de temporadas anteriores, etc por unos 25-30 euros. Son ligeras, cómodas y diseñadas inspirándose en los clásicos de las zapatillas deportivas de calle.

La tercera opción son las zapatillas de Ecoalf, realizadas con materiales reciclados,  con colecciones también basadas en los clásicos del street wear.

Las zapatillas de Ecoalf rondan los 70 euros, pero si no sois muy fans de comprar por internet (o no tenéis controladas las tallas) tenéis la oportunidad de pasaros por la propia tienda, situada en la calle Hortaleza 116 de Madrid. En Ecoalf, ya lo iremos tratando en estos post, además de zapatillas podéis encontrar todo tipo de ropa y complementos. Pronto dedicaremos un post a esta experiencia que tiene mucho que contar.