¿Ecológicos o cantamañanas?

Tenemos que reconocer que estamos un poco mosqueados. Paseando por un céntrico barrio de Madrid, de repente, hemos descubierto infinidad de negocios cuyo adjetivo principal es «ecológico»: pan «ecológico», velas «ecológicas»,  ropa «ecológica», peluquerías «ecológicas»…

En un primer momento nos pusimos muy contentos… ¡Por fin la gente estaba concienciándose con el tema! ¡Nuestras plegarías habían sido escuchadas! Pero bastó rascar levemente sobre la superficie para ver que el uso gratuito del concepto ecológico y «eco» está comenzando a ser gravemente pervertido.

hand-making-of-bread-1-1307335Nos explicamos: una cosa es que una panadería use harina ecológica y métodos tradicionales para hacer su pan. incluso que en algún punto de su comercio lo haga visible, a través de un cartel, o dejando a la vista los sacos de harina… Eso es bien. Eso es cambiar una forma de pensar y de actuar. Y si además, el empresario en cuestión tiene el sentido común de poner un precio adecuado a su producto, entonces miel sobre hojuelas.

Pero cuando en el cartel de la panadería aparece en bien grandote el término «ecológico», señores empiecen a sospechar. O al menos, nosotros sospechamos. Digamos que un cambio en la forma de pensar y actuar no requiere de tanta parafernalia. ¿O es que quieres llamar la atención de las nuevas generaciones/tribus urbanas, de esos que compran porque pone «ecológico» en la etiqueta sin leerse los ingredientes, la procedencia o buscar el sello de certificación? ¿Por qué me tengo que creer que el pan que hace esa panadería es ecológico? ¿Porque lo pone en su cartel?

No solo se trata de panaderías. Cafeterías que alardean de tener cafés de comercio justo pero que no facilitan la información por ningún lado y que esperan que el usuario realmente comprometido y no el moderniqui de turno, haga un acto de fe, productos que ponen en grande virtudes pretendidamente «ecológicas» «medio ambientales» o las archiconocidas y archidenunciadas frases «natural» o  «hecho con productos naturales» pero que en realidad no pueden demostrar de ninguna manera que eso es así (como packagings rellenables, pero de los que prácticamente nunca se encuentra el sitio en el que rellenarlo, o el simpático suavizante de Alcampo que pone en destacado «vivir mejor, medio ambiente» pero que no tiene ninguna certificación ni sello que garantice eso…)

Otro caso similar es el de la línea Conscious de H&M.  Ha realizado campañas promocionales potentísimas para dar a conocer su línea «consciente y sostenible». Recordamos las marquesinas de la Gran Vía de Madrid llenas de vinilos (por cierto, cero sostenibles), publicitando la oferta del otoño pasado. Incluso este equipo ha caído en la trampa de leer su memoria de sostenibilidad y darle el beneficio de la duda comprando alguna prenda. Pero solo era necesario rascar un poquito para ver que debajo de esa campaña de comunicación había lagunas tremendas.  Por ejemplo, las lagunas en el pago de salarios dignos y en la garantía de un entorno laboral saludable a sus trabajadores. Que no todo es usar algodón orgánico, ni recoger ropa con vales de descuento como cebo, si queremos un mundo más sostenible. Que no se trata de ponerlo en grande en la fachada, se trata de cambiar la forma de pensar y de actuar.

Que esas malas praxis de las grandes marcas se estén contagiando a los pequeños empresarios a la hora de pensar y abrir negocios es una idea que nos preocupa bastante. Que usar el término ecológico en nuestra comunicación exterior solo sirva para llamar la atención y tener una excusa para poner un precio abusivo (y en ocasiones muy alejado del precio real+margen) del producto no es por lo que desde muchas organizaciones y blogs -este incluido- estamos trabajando.Que sí, que ahora queda muy muppy  y muy comprometido, pero de poco va a servir que lo ecológico o pretendidamente ecológico quede reducido a un puñado de comercios y marcas de alto standing dirigidas a un público reducido que de repente ve en la ecología, o pretendida ecología, una seña de de identidad, como antes fueron las gafas de pasta o las barbas.

El auténtico mérito está en introducir la ecología en nuestro día a día, en todos los productos, sin hacer alarde de ello, sin ir más allá de usarlo como un adjetivo y no como una marca diferencial. Ojalá no hubiera panaderías ecológicas, sino panaderías «a secas» que usaran productos ecológicos. Ojalá no hubiera peluquerías ecológicas, sino que todas las peluquerías usaran productos respetuosos con el medio ambiente. Ojalá cualquier pensionista pudiera llenar su cesto de productos respetuosos con su salud y el medio ambiente. Eso es la sostenibilidad, y el resto son paparruchas.

Bienvenidos ODS

Ya se han aprobado los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU (pinchad en cada imagen de este enlace para conocer los datos exactos de cada objetivo). Aquí os los dejamos para que los tengáis a mano y podáis reflexionar sobre nuestro papel a la hora de aportar nuestro grano de arena para lograr alcanzarlos.

Porque, aunque obviamente, gobiernos, grandes empresas y grupos de poder tienen mucho que decir al respecto, el cuidado de nuestro planeta y la lucha contra la pobreza son responsabilidad, también, de cada uno de nosotros.

 

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Los pequeños gestos de unas vacaciones sostenibles

playaSol, playa, montaña, ¡incluso nieve! Llegan las vacaciones y los angustiados urbanitas hacemos las maletas con ganas locas de pasar unos días alejados del tráfico, las aglomeraciones, el estrés, los nervios… Locos por ir al mar (o lo que queda de él) o a respirar naturaleza (ídem de ídem). O viajar a lugares más o menos exóticos.

Es una auténtica suerte poder hacerlo. Poder irnos [aún] a conectar con nosotros mismos en parajes naturales, sean cuales sean, pero como bien sabemos, ese es un placer que puede ser una utopía en un futuro breve. Porque si los océanos siguen sucumbiendo a la expoliación pesquera, a los plásticos y los vertidos, y si los montes y selvas siguen maltratándose como hasta ahora, en unos años nos iremos de vacaciones a una habitación con gafas de realidad virtual.

Desde S&S queremos dejaros unos humildes consejos para reducir en la medida de lo posible nuestro impacto ecológico en nuestras vacaciones. E incluso, ¿por qué no? revertir nuestro efecto negativo cotidiano como ciudadanos. Que el hecho de que tengamos unos días libres no implica que esos días nos olvidemos de ser conscientes (como siempre, sin agobiarse, claro).

Para empezar… ¿Cómo vas a trasladarte? Estamos de vacaciones, no tenemos prisa, así que ¿por qué no reducimos nuestros trayectos en avión? Si vas a viajar, pues eso, viaja. Descubre Europa trasladándote en tren. Hay páginas que te permiten calcular conexiones entre trenes y la experiencia de descubrimiento de tu viaje empezará mucho antes de llegar al punto de destino. Prueba en páginas como Raileurope.com. En algunos casos ¡hasta te sorprenderá el precio! Y además, puedes vivir la aventura romántica de un viaje nocturno en tren, conocer a gente antes de llegar a tu destino… Y todo eso por unos pocos kilos de CO2.
Si no te es posible desplazarte en tren, porque las distancias o la geografía no te lo permiten, opta por compartir coche, o si viajas en avión, calcula cuál será tu emisión de CO2 y comprométete a compensarla en páginas como Arboliza.es.
Recuerda además que en muchos países, regiones y en muchas ciudades es fácil y cómodo moverse en bicicleta. Aprovecha para hacer un poco de deporte y para no despertarte el último de día de las vacaciones con las lorzas al viento por tanta inactividad.

En cuanto al alojamiento, infórmate sobre las cadenas hoteleras más respetuosas con el medio ambiente. Por ejemplo, dentro de la cadena Accor, los hoteles Novotel suelen utilizar amenities con certificado ecológico, de la misma manera que buena parte de la ropa de cama. También en algunos Paradores las mantelerías son de algodón ecológico. Vale, es poca cosa, pero es un inicio. Recordad que con cada decisión de compra se emite un voto, y que decidáis por una u otra cadena o servicio va a empujar a que amplíen su enfoque de sostenibilidad. Pongo esos dos ejemplos, porque son dos ejemplos que conozco y he comprobado, pero seguro que navegando por internet os encontráis con otras cadenas y establecimientos que también ponen su grano de arena en la sostenibilidad.

Pero si aún queréis dar un paso más, optad por un alojamiento totalmente ecológico. En algunos países como Francia o los países nórdicos son habituales y tienen muy buenos precios. Yo este año me voy a probar uno, ya os contaré que tal a la vuelta.

A la hora de comer, dependiendo de donde vayáis a viajar es posible que no tengáis acceso fácil a productos ecocertificados o biológicos. Ahí, y con todas las precauciones sanitarias cuando sea menester, optad por el producto local. ¿Qué gracia tiene irse a Moscú y comer en un MacDonalds? En 1989 igual sí, pero ¿ahora? Por ejemplo en la capital rusa existen enormes mercados con variedad de productos locales… Viajar es descubrir, así que descubrid también la gastronomía local. No os dejéis llevar por la atractiva oferta de los buffets libres, porque al final no son más que una oda al desperdicio alimentario. Llenáis el plato con los ojos y la mitad se va a la basura. Y lo mismo para las barras libres, como siempre decimos, nuestro cuerpo también forma parte de la naturaleza, así que cuidarlo forma parte de la sostenibilidad.

Mucho ojo con los residuos cuando, por ejemplo, vayamos a la playa y sobre todo, al monte. Porque pueden provocar incendios y porque es un poco tonto que en casa reciclemos y en la playa o la montaña no recojamos nuestra basura o no la seleccionemos. En casi todas partes hay ya opciones para reciclar. Y si no es asi, al menos, no lo dejéis todo hecho una cochiquera.

Otro elemento de mucho peligro en cuanto a sostenibilidad, aunque parezca una tontería, son los souvenirs. Todos nos hemos vuelto locos comprando cachivaches inútiles que una vez en casa nadie va a usar (y a la mayoría les van a horrorizar) y que no hacen más que contribuir a una innecesaria sobreproducción de objetos absolutamente absurdos y francamente innecesarios. Si quieres traerle un recuerdo a tus familiares y amigos, una buena idea es optar por cuestiones gastronómicas, así compartes parte de lo que has vivido con ellos. También puedes comprar en tiendas no de souvenirs, sino de artesanos locales. No pasa nada si no pone Recuerdo de Constantinopla. Por ejemplo, en Montevideo existe un mercado enorme dedicado exclusivamente a la artesanía, y en Valparaíso encontramos un artesano que fabricaba imanes de nevera manualmente con cartones usados. Si has pateado las calles y has vivido la ciudad te encontrarás con miles de cosas mejores que llevar a tus amigos que un llavero y que le van a transmitir mucho más cariño y más detalles de tu experiencia. Y además, van a ser cosas, en muchos casos más «prácticas».

Y si vas a hacer un desplazamiento a un país en vías extranjero, en especial si vas a ir a un país del Sur, recuerda que sus ciudadanos no son monos de feria. Que no te engañen llevándote a ver tribus y mandangadas en las que una pobre gente prácticamente pierde la dignidad para entretenimiento del turista occidental. Sé respetuoso con la gente y con sus costumbres, y no pasa nada si te pierdes no sé qué baile típico… Seguramente, interesándote por cualquier nativo que encuentres y entablando una relación cordial con él vas a conocer mucho mejor su cultura que viendo espectáculos chorras.

A todo esto, dejamos en punto y a parte los cruceros, porque, en general, consideramos que son el ejemplo supremo de turismo poco consciente, poco sostenible y poco respetuoso. Tienen todos los ejes del mal juntos: la comida en sobreabundancia, la bebida a capón, el desinterés total por los lugares y culturas que se visitan, y la emisión de gases y agresión de los océanos más estupendas.

Desde S&S os deseamos la mejor de las conciencias sostenibles a la hora de planificar vuestras vacaciones.

Limpiar tu casa sin ensuciar el medioambiente

angry-mop-1421089-m¿Os habéis planteado alguna vez que cuando limpiamos nuestra casa, ensuciamos todo lo demás? Es decir, ¿qué efectos tienen sobre el planeta productos como el salfumán, la lejía o los productos superdesengrasantes y decapantes?

Generalmente, encontramos en internet información sobre los riesgos para la salud que tienen los productos del hogar, ya que muchos de ellos contienen ingredientes de sospechoso alcance en diversas enfermedades, en especial en el cáncer.

Pero los productos de limpieza también tienen un alto impacto en el medioambiente. Muchos, además de compuestos tóxicos tienen siliconas y compuestos plásticos que no se biodegradan y contribuyen directamente a la contaminación de ríos y mares. Algunos productos son altamente irritantes, y tienen efectos sobre la flora y la fauna, o incluso sobre los propios humanos. Seguro que en alguna ocasión habéis acabado con los ojos irritados o la piel de las manos pelada por culpa de los agentes de los limpiadores (de hecho, algunas marcas incluso alertan de peligro de tocar el producto).

¿Cómo podemos evitar contribuir a la contaminación de las aguas y el aire cuando cuidamos el buen estado de nuestra casa o nuestros objetos?

Existen diversas marcas que están trabajando ya sobre productos con un porcentaje reducido de tensoactivos y que utilizan «viejos conocidos» de la limpieza tradicional como base para sus productos. Es el caso del limpiador de Froggy con base de vinagre, o los limpiacristales basados en alcoholes.

En primer lugar, debemos asegurarnos que el producto que vamos a usar es biodegradable. Cualquier cosa cuya base de fabricación sean sustancias orgánicas y naturales será mucho más fácilmente biodegradable. Pero, obviamente, no todos somos químicos y por tanto, no todos somos capaces de descifrar los ingredientes de un producto de limpieza. Para facilitarnos la faena existen diversos sellos de certificación como el Ecocert (en el caso de la higiene personal y algunos productos de higiene del hogar) el Angel Azul alemán o la Ecolabel europea.

Además de la marca Froggy, disponemos de nuevas marcas que están apostando por el uso de productos biodegradable y de bajo o nulo impacto ecológico como Ecover, Sonett, Ecofrego, Ecotech, Almawinn, Beltrán (BioBel),  Alfapac

Pero además de esta cada vez más amplia gama de productos (en los que nos encontramos con deliciosas fragancias naturales y no olor a pino de plástico), podemos recuperar las tradiciones de limpieza de nuestras madres, como el vinagre para la cal, el bicarbonato para los metales, el talco para las manchas grasas, el jabón de hiel de buey, los jabones naturales de marsella, etc.

Y sobre todo, tener siempre en cuenta que para limpiar con eficacia y sostenibilidad hay que andar con ojo con el consumo de agua y electricidad. Reduce tu programa de la lavadora, lava en frío, cierra el grifo mientras enjabonas platos o ropa y ábrelo solo para aclarar y tiende tu ropa al aire siempre que puedas, ya que las secadores, además de no cuidar demasiado la ropa, consumen una barbaridad de energía.

Tampoco hay que olvidar el tema de los ambientadores. Muchos de ellos son tóxicos, por lo que os recomendamos el uso de aceites de quemar y en el caso de los retretes, ¿por qué no reutilizáis los posos de las infusiones para desodorizar vuestros baños? Una vez tomada la infusión, deja simplemente las hojas y tallos usados en el agua de la taza… Dejarás buen olor y todo lo que echarás con la cadena será perfectísimamente biodegradable.

La belleza debe ser saludable

En un hilo de Facebook las amigas de un contacto comenzaron a preguntar sobre los riesgos de la cosmética tradicional, broken-blush-and-makeup-brush-909988-mespecíficamente relacionados con los disruptores endocrinos que muchos de los cosméticos comerciales normales tienen entre sus ingredientes.
Los disruptores endocrinos son, según la Wikipedia «Un interruptor endocrino, también llamado disruptor endocrino o disruptor hormonal (en inglés son llamados endocrine disruptor o EDC, Endocrine Disrupting Chemicals), es una sustancia química, ajena al cuerpo humano o a la especie animal a la que afecta, capaz de alterar el equilibrio hormonal de los organismos de una especie,1 es decir, de generar la interrupción algunos procesos fisiológicos controlados por hormonas, o de generar una respuesta de mayor o menor intensidad que lo habitual.»

En resumen, son sustancias ajenas a nuestro cuerpo que modifican el funcionamiento de nuestro organismo, y generalmente, no lo modifican en positivo. Y, entonces ¿por qué los incorporan a los cosméticos que se absorben directamente en nuestra piel? Muchos de estos disruptores (y en algunos casos agentes potencialmente cancerígenos) son conservadores, estabilizadores, colorantes, perfumes, que convierten a nuestras cremas, geles o champús, en más atractivos visualmente, o a nivel de textura. Pero, en general, no mejoran sus propiedades cosméticas.

Los dos disruptores más populares en nuestros cosméticos son los parabenos y los ftalatos.  Pero también hay otros elementos que os adjuntamos en este artículo de Ecologistas en Acción, preferimos dejar estas cuestiones más técnicas a expertos.

Nosotros vamos a cuestiones más prácticas. Porque está muy bien saber que esas sustancias existen, pero ¿cómo podemos evitarlas?

Para empezar, nuestro consejo es que abandonéis la cosmética comercial. Así, de cuajo. Olvidaos de las grandes perfumerías porque por más que lo hemos intentado no hemos encontrado productos realmente libres de todas las sustancias con riesgos.  Y ni puñetero caso a ningún slogan estilo «belleza natural», «cosmética natural», etc. Incluso os diremos, no hagáis tampoco mucho mucho caso de frases como «sin parabenos», porque quitarán los parabenos (o no) pero usarán otros elementos de origen dudoso para conservarlos.

De hecho, este fin de semana nos acercamos a unos grandes almacenes, y revisamos la lista de ingredientes (sí, efectivamente, una lista enorme y bastante ininteligible, pero para eso tenemos teléfonos inteligentes que nos permiten consultar dudas). E incluso en las marcas que abanderan a nivel comercial la cosmética «natural», aparecen nuestros amigos Metylparaben, y otros por el estilo.

La mayoría de cosméticos «comerciales» ecológicos están certificados con el sello ECOCERT, y en él no se tiene una amplia exigencia en los ingredientes no vegetales. Hay dos sellos, el de «cosmético ecológico» y el de «cosmético natural»,

  • «Para obtener la etiqueta Cosmética ecológica:logo-cosmetico-ecologico

– Un porcentaje mínimo del 95% de los ingredientes vegetales de la fórmula debe proceder la agricultura ecológica.
– Un porcentaje mínimo del 10% de todos los ingredientes debe proceder de la agricultura ecológica.

  • Para obtener la etiqueta Cosmética natural:logo-cosmetico-natural

– Un porcentaje mínimo del 50% de los ingredientes vegetales de la fórmula debe proceder la agricultura ecológica.
– Un porcentaje mínimo del 5% de todos los ingredientes debe proceder de la agricultura ecológica

Y, técnicamente,

«La utilización de ingredientes procedentes de recursos renovables y transformados por medio de procedimientos respetuosos con el medio ambiente. Por tanto, Ecocert comprueba:

  • La ausencia de transgénicos, parabenos, fenoxietanol, nanopartículas, silicona, PEG, perfumes y colorantes sintéticos, ingredientes de origen animal (excepto productos naturales en sí mismos: leche, miel. etc.).
  • El carácter biodegradable o reciclable de los embalajes.»

No os fiéis de que una marca tenga un producto certificado Ecocert, para pensar que todos sus productos lo tienen. Es el caso de marcas como Kiehl’s, que tiene productos certificados y otros que tienen parabenos y otros ingredientes con riesgos.

Ojo también cuando pidamos consejo a las empleadas de las tiendas que no son especializadas en cosmética ecológica, porque en general hay mucha confusión entre cosmética natural y ecológica, y también porque no todo lo que pone «natural» cumple los requisitos, por ejemplo, de Ecocert para serlo. Natural es una palabra que no está sujeta a día de hoy a ningún control y cualquier empresa va a poder usarla como medio de marketing, sin cumplir ningún requisito específico.

Además del sello Ecocert, que a día de hoy es el más generalizado y el que están logrando algunas marcas de gran cosmética (como UNE, Bourjois en algunos productos, Kiehl’s, L’Occitane y otras) existen otros sellos mucho más específicos y en algunos casos mucho más estricos. Os adjuntamos un artículo de The Ecologist al respecto.

Y ahora, vamos a lo práctico. ¿Dónde encuentro eso? ¿De qué marcas me puedo fiar? ¿Es fácil de encontrar?

Mi experiencia personal con la cosmética ecológica se remonta a ya hace al menos 10 años. Empecé con poquitas cosas, porque no me movía bien por este mundo, y no sabía donde encontrar los productos ni tampoco sabía diferencia entre lo que realmente era ecológico y lo que no.

Probé muchas de las marcas comerciales que se adjudicaban el nombre de naturales o de los que dicen usar todos los productos de origen natural. Pero finalmente comencé a leer los ingredientes, e incluso con mi falta de conocimiento en química, me dí cuenta de que había en la lista cosas que no «debía haber».

A día de hoy utilizo principalmente productos de la marca Logona y Santé, ambas alemanas, y de la española Taller Amapola. De Logona uso las cremas hidratantes, que además de ser muy eficaces, son económicas (100 ml, unos 8 euros). Además, resulta bastante sencillo entender casi toda la lista de ingredientes, lo que, obviamente, es fundamental. También tienen una línea de cosméticos que no está mal.

De Santé, uso sobre todo, la línea de higiene, aunque también la línea de cosméticos. También tienen una línea de maquillaje, aunque, personalmente, me gusta bastante el maquillaje de Benecos, que además está muy bien de precio, tiene una gama cortita pero básica de colores, y hasta ahora, no he tenido queja ni por su duración ni por nada en concreto. Además, disponen de lacas de uñas sin ftalatos, algo complicadillo de encontrar.

Otras marcas que he probado y me han parecido bastante interesantes son Health & Aloe Bio, Natuderm y Pulpe de Vie (la espuma limpiadora de Pulpe de Vie es fantástica).

En una gama más alta, podéis encontrar los productos de Weleda, una marca suiza con larguísima tradición en la cosmética ecológica, y de la que yo uso el desodorante de limón, porque no tiene aluminio ni alumbre ni derivados y, tienen una crema de rosa mosqueta muy eficaz con las cicatrices y las estrías.

Aún en una gama más alta, sobre todo de precio, está la línea de Dr. Hauschka, con una amplisima lista de cremas y tratamientos premium.

Existen pequeñas empresas productoras locales, que suelen vender sus productos en herboristerías y tiendas especializadas, y nunca está de más apostar por estas pequeñas empresas que se animan con un sector tan complicado, aunque, a día de hoy, también tengo que decir que excepto Taller Amapola, no he encontrado ningún producto que me haya ido bien. Pero cada piel es un mundo.

Tampoco debemos olvidar que a la hora de hacer un esfuerzo en reducir nuestro uso de cosméticos. Un limpiador, un tónico, una hidratante, una exfoliante, una mascarilla y quizás un serum, deberían ser suficientes para el cuidado fácil y una base, polvos, eyeliner, lápiz, sombra, colorete y barra de labios suficientes para el maquillaje. Y como ya comentábamos en otro artículo, existen fórmulas sencillas caseras para cuidar de nuestra piel.