La belleza debe ser saludable

En un hilo de Facebook las amigas de un contacto comenzaron a preguntar sobre los riesgos de la cosmética tradicional, broken-blush-and-makeup-brush-909988-mespecíficamente relacionados con los disruptores endocrinos que muchos de los cosméticos comerciales normales tienen entre sus ingredientes.
Los disruptores endocrinos son, según la Wikipedia “Un interruptor endocrino, también llamado disruptor endocrino o disruptor hormonal (en inglés son llamados endocrine disruptor o EDC, Endocrine Disrupting Chemicals), es una sustancia química, ajena al cuerpo humano o a la especie animal a la que afecta, capaz de alterar el equilibrio hormonal de los organismos de una especie,1 es decir, de generar la interrupción algunos procesos fisiológicos controlados por hormonas, o de generar una respuesta de mayor o menor intensidad que lo habitual.”

En resumen, son sustancias ajenas a nuestro cuerpo que modifican el funcionamiento de nuestro organismo, y generalmente, no lo modifican en positivo. Y, entonces ¿por qué los incorporan a los cosméticos que se absorben directamente en nuestra piel? Muchos de estos disruptores (y en algunos casos agentes potencialmente cancerígenos) son conservadores, estabilizadores, colorantes, perfumes, que convierten a nuestras cremas, geles o champús, en más atractivos visualmente, o a nivel de textura. Pero, en general, no mejoran sus propiedades cosméticas.

Los dos disruptores más populares en nuestros cosméticos son los parabenos y los ftalatos.  Pero también hay otros elementos que os adjuntamos en este artículo de Ecologistas en Acción, preferimos dejar estas cuestiones más técnicas a expertos.

Nosotros vamos a cuestiones más prácticas. Porque está muy bien saber que esas sustancias existen, pero ¿cómo podemos evitarlas?

Para empezar, nuestro consejo es que abandonéis la cosmética comercial. Así, de cuajo. Olvidaos de las grandes perfumerías porque por más que lo hemos intentado no hemos encontrado productos realmente libres de todas las sustancias con riesgos.  Y ni puñetero caso a ningún slogan estilo “belleza natural”, “cosmética natural”, etc. Incluso os diremos, no hagáis tampoco mucho mucho caso de frases como “sin parabenos”, porque quitarán los parabenos (o no) pero usarán otros elementos de origen dudoso para conservarlos.

De hecho, este fin de semana nos acercamos a unos grandes almacenes, y revisamos la lista de ingredientes (sí, efectivamente, una lista enorme y bastante ininteligible, pero para eso tenemos teléfonos inteligentes que nos permiten consultar dudas). E incluso en las marcas que abanderan a nivel comercial la cosmética “natural”, aparecen nuestros amigos Metylparaben, y otros por el estilo.

La mayoría de cosméticos “comerciales” ecológicos están certificados con el sello ECOCERT, y en él no se tiene una amplia exigencia en los ingredientes no vegetales. Hay dos sellos, el de “cosmético ecológico” y el de “cosmético natural”,

  • “Para obtener la etiqueta Cosmética ecológica:logo-cosmetico-ecologico

– Un porcentaje mínimo del 95% de los ingredientes vegetales de la fórmula debe proceder la agricultura ecológica.
– Un porcentaje mínimo del 10% de todos los ingredientes debe proceder de la agricultura ecológica.

  • Para obtener la etiqueta Cosmética natural:logo-cosmetico-natural

– Un porcentaje mínimo del 50% de los ingredientes vegetales de la fórmula debe proceder la agricultura ecológica.
– Un porcentaje mínimo del 5% de todos los ingredientes debe proceder de la agricultura ecológica.”

Y, técnicamente,

“La utilización de ingredientes procedentes de recursos renovables y transformados por medio de procedimientos respetuosos con el medio ambiente. Por tanto, Ecocert comprueba:

  • La ausencia de transgénicos, parabenos, fenoxietanol, nanopartículas, silicona, PEG, perfumes y colorantes sintéticos, ingredientes de origen animal (excepto productos naturales en sí mismos: leche, miel. etc.).
  • El carácter biodegradable o reciclable de los embalajes.”

No os fiéis de que una marca tenga un producto certificado Ecocert, para pensar que todos sus productos lo tienen. Es el caso de marcas como Kiehl’s, que tiene productos certificados y otros que tienen parabenos y otros ingredientes con riesgos.

Ojo también cuando pidamos consejo a las empleadas de las tiendas que no son especializadas en cosmética ecológica, porque en general hay mucha confusión entre cosmética natural y ecológica, y también porque no todo lo que pone “natural” cumple los requisitos, por ejemplo, de Ecocert para serlo. Natural es una palabra que no está sujeta a día de hoy a ningún control y cualquier empresa va a poder usarla como medio de marketing, sin cumplir ningún requisito específico.

Además del sello Ecocert, que a día de hoy es el más generalizado y el que están logrando algunas marcas de gran cosmética (como UNE, Bourjois en algunos productos, Kiehl’s, L’Occitane y otras) existen otros sellos mucho más específicos y en algunos casos mucho más estricos. Os adjuntamos un artículo de The Ecologist al respecto.

Y ahora, vamos a lo práctico. ¿Dónde encuentro eso? ¿De qué marcas me puedo fiar? ¿Es fácil de encontrar?

Mi experiencia personal con la cosmética ecológica se remonta a ya hace al menos 10 años. Empecé con poquitas cosas, porque no me movía bien por este mundo, y no sabía donde encontrar los productos ni tampoco sabía diferencia entre lo que realmente era ecológico y lo que no.

Probé muchas de las marcas comerciales que se adjudicaban el nombre de naturales o de los que dicen usar todos los productos de origen natural. Pero finalmente comencé a leer los ingredientes, e incluso con mi falta de conocimiento en química, me dí cuenta de que había en la lista cosas que no “debía haber”.

A día de hoy utilizo principalmente productos de la marca Logona y Santé, ambas alemanas, y de la española Taller Amapola. De Logona uso las cremas hidratantes, que además de ser muy eficaces, son económicas (100 ml, unos 8 euros). Además, resulta bastante sencillo entender casi toda la lista de ingredientes, lo que, obviamente, es fundamental. También tienen una línea de cosméticos que no está mal.

De Santé, uso sobre todo, la línea de higiene, aunque también la línea de cosméticos. También tienen una línea de maquillaje, aunque, personalmente, me gusta bastante el maquillaje de Benecos, que además está muy bien de precio, tiene una gama cortita pero básica de colores, y hasta ahora, no he tenido queja ni por su duración ni por nada en concreto. Además, disponen de lacas de uñas sin ftalatos, algo complicadillo de encontrar.

Otras marcas que he probado y me han parecido bastante interesantes son Health & Aloe Bio, Natuderm y Pulpe de Vie (la espuma limpiadora de Pulpe de Vie es fantástica).

En una gama más alta, podéis encontrar los productos de Weleda, una marca suiza con larguísima tradición en la cosmética ecológica, y de la que yo uso el desodorante de limón, porque no tiene aluminio ni alumbre ni derivados y, tienen una crema de rosa mosqueta muy eficaz con las cicatrices y las estrías.

Aún en una gama más alta, sobre todo de precio, está la línea de Dr. Hauschka, con una amplisima lista de cremas y tratamientos premium.

Existen pequeñas empresas productoras locales, que suelen vender sus productos en herboristerías y tiendas especializadas, y nunca está de más apostar por estas pequeñas empresas que se animan con un sector tan complicado, aunque, a día de hoy, también tengo que decir que excepto Taller Amapola, no he encontrado ningún producto que me haya ido bien. Pero cada piel es un mundo.

Tampoco debemos olvidar que a la hora de hacer un esfuerzo en reducir nuestro uso de cosméticos. Un limpiador, un tónico, una hidratante, una exfoliante, una mascarilla y quizás un serum, deberían ser suficientes para el cuidado fácil y una base, polvos, eyeliner, lápiz, sombra, colorete y barra de labios suficientes para el maquillaje. Y como ya comentábamos en otro artículo, existen fórmulas sencillas caseras para cuidar de nuestra piel.

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