¿Acabará el chocolate con otros cientos de variedades de frutas, verduras y cereales?

chocolateConocemos a pocas personas a las que no les guste el chocolate. Dulce, rico en antioxidantes, y con un innegable punto sensual, el consumo de este delicioso alimento se ha multiplicado coincidiendo con la llegada de los países emergentes a un nuevo status económico. Y es que el chocolate tiene su parte de identificación con el lujo y el placer.

El aumento de la demanda mundial de chocolate se ha incrementado en un 32% en relación con la misma hace 10 años, según el Wall Street Journal. Lo que es una buena noticia para sus agricultores, ya que los precios vienen subiendo de forma ininterrumpida en los últimos 29 meses…. Oh wait! No es una buena noticia para los productores, sino para los importadores, ya que, como indica la FAO en uno de sus últimos informes sobre la producción mundial de cacao:

“Uno de los principales obstáculos que han impedido la expansión de la elaboración de los granos de producción local no ha sido la capacidad transformadora en sí misma sino el alto grado de integración vertical de las empresas multinacionales de la industria del cacao y del chocolate, que en su mayor parte están desde hace muchos años en los países importadores. Lo que más necesitan los países productores son conocimientos técnicos eficaces y sofisticados en materia de comercialización. Mientras no se resuelva este problema, la ventaja de la adición de valor continuará distribuyéndose principalmente entre los países importadores tradicionales del cacao en grano y los ingresos de los productores seguirán siendo bajos”. Perspectivas a Plazo Medio de los Productos Básicos Agrícolas, FAO 2010.

Un incremento del precio y la demanda de cacao podría llevar tanto a las multinacionales compradoras como a los propios países productores a plantearse la posibilidad de eliminar otros cultivos menos productivos económicamente y volcarse en el cacao, más rentable y con mejor mercado que otros productos. En este documental podéis comprobar las condiciones en las que se trabaja actualmente en las plantaciones de cacao, incluida la explotación infantil.

Algo parecido a lo que sucede con el maíz en Estados Unidos. Actualmente, la superficie dedicada a la producción de este cereal representa un 24% (es decir, un cuarto) del total de superficie agrícola del país. Otro cuarto está dedicado a la soja. Ambos cereales, con infinidad de usos tanto en la industria alimentaria como en muchas otras, resultan muy rentables  lo que ha ido relegando a otros cultivos, hasta el punto de que, solo en Estados Unidos, de las 15.000 variedades de manzana  que existían a principios del siglo pasado, apenas quedan en las estanterías de los súpers unas 11 variedades.  Y eso que la manzana es considerada, prácticamente, la fruta nacional. Actualmente, diversas iniciativas intentan rescatar esas variedades perdidas mediante campañas de sensibilización.

No sólo Estados Unidos ha perdido una cantidad asombrosa de variedades de manzana -y estamos hablando de un solo país y de un solo producto- sino que en todos los países han desaparecido infinidad de variedades hortifrutícolas que no “daban el perfil” en una industria en la que se ha olvidado lo local y donde el objetivo es que solo sobrevivan aquellas especies capaces de durar mucho, viajar lejos y tener siempre aspecto casi de frutas de cera.
Sin olvidar las tácticas monopolistas de compañías semilleras como Monsanto, que han logrado hacerse con patentes de variedades de frutas, verduras y vegetales que deberían pertenecer a la Humanidad, pero en cambio, por todo tipo de malabarismos legales, son de su propiedad.

¿Sabíais que las zanahorias realmente son moradas? Como se explica en este artículo de Jardinería On, estos simpáticos y ligeros vegetales eran de cólor púrpura, y se convirtieron en naranjas mediante la manipulación humana en Holanda, con la intención de que fuera un vegetal digno de la corte de los Orange.

Para haceros una idea del nivel de especies que se han quedado en el camino, y que, quién sabe si tabla de variedades frutas y verduras desaparecidasno hubieran podido enriquecer nuestra gastronomía o solucionar problemas de escasez alimentaria, os adjuntamos este gráfico que publicó National Geographic en el que se contabilizan las variedades que ya no se cultivan de diversas frutas y verduras.

Resulta llamativo que, a más usos y mayor comercialización de un producto, menor es el número de variedades disponibles. Algo así como que en algunos casos -remolacha, maíz- solo han sobrevivido los más fuertes, los más rentables. Y ya ni hablemos de los OGM, que en el caso del maíz son, cada día más, variedades caníbales que van a reducir aún más la lista de supervivientes (sin entrar en las consecuencias a largo plazo que tenga el uso de productos genéticamente modificados).

No estamos hablando de ciencia ficción, sino de lo que pasa cada día en nuestras tiendas habituales. No hace tanto, resultaba prácticamente imposible encontrar una chirivía en el Mercado de Maravillas de Madrid (de hecho, había incluso tenderos que no sabían qué eran o que las confundían con las chirimoyas [!!!] ).

La creatividad gastronómica y los productores ecológicos locales están recuperando algunas especies con mucho esfuerzo. De hecho, esas zanahorias moradas de las que os hablábamos las podemos localizar ya en algunos mercados españoles, y no es difícil encontrar en tiendas de producción biológica productos como el colirrábano o el colinabo (que asustan a más de uno, pero que son realmente deliciosos cuando se aprende a usarlos) o las acelgas rojas. Y qué decir de las tagarninas, típicas del Sur de España, deliciosas. También la slow food está devolviendo protagonismo a cerales como la espelta o el kamut y legumbres como la almorta.

No hay que temer a los alimentos. Si lo ves en la tienda y no lo has probado nunca, cómpralo. Internet, ese gran zoco, te surtirá con recetas y modos de preparación para que descubras nuevos sabores, amplíes tu abanico de posibilidades culinarias, y de esta manera hagas tu dieta más rica y variada, a la vez que salvas una parte de nuestra herencia agrícola.

Volviendo al principio, si dispusiéramos de más variedades, controláramos nuestras ‘modas’ alimentarias incluyendo más productos y más variados, la demanda se dispersaría, los productores tendrían más donde elegir y la riqueza se repartiría. Nadie tendría que renunciar a cultivar nada para sustituirlo por otro cultivo más rentable. Quizás suene utópico e incluso ingenuo, pero no imaginamos un mundo en el que todo se reduzca a comer chocolate, trigo, maíz y soja [probablemente transgénicos y seguramente procesados].  ¡Qué gordo se nos pondría el trasero! ¡Qué tristeza!

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Pescado transgénico

salmón
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Salmón manifestándose en contra de que le modifiquen genéticamente.

Leyendo la prensa esta mañana nos hemos topado con un artículo El País que nos ha dejado francamente desasosegados. Canadá ha autorizado la comercialización de huevos de salmón genéticamente modificados para conseguir ejemplares de tamaño comercial en la mitad de tiempo. Aunque hacía tiempo que se sabía que se estaba trabajando en este campo, que se haya confirmado la autorización institucional ya es más preocupante.

A día de hoy, un salmón atlántico (la variedad más común en la gran comercialización) tarda unos tres años en alcanzar un tamaño óptimo, mientras que con estos nuevos huevos, patentados por la empresa AquaBounty, solo tardarían un año y medio.

Obviamente, hemos buscado rápidamente la página de la empresa y hemos llegado hasta la página en la que se describe el producto. Porque es un producto, salmones de marca AquAdvantage (TM),  fabricados para satisfacer las necesidades del mercado. El futuro de la acuicultura, como lo llaman los responsables de la empresa, son “salmones hembra estériles” que, criados en zonas protegidas para evitar que se escapen, aseguran que “reducen el impacto ambiental en la costa, eliminan la amenaza de contagio de enfermedades de la piscifactoría a la naturaleza y producen más pescado con menos alimento”. Según eso ¿qué se podría tener en contra? Es la solución perfecta para acabar con el hambre en el mundo. Pescado barato y saludable a bajo coste.

Pero ¿es necesario tener toneladas de salmón barato y bajo coste? Así, en plan demagógico, ¿nos están intentando decir que, a partir de ahora, los desnutridos del África subsahariana podrán comer salmoncito rico? No, nos tememos que la cosa no va por ahí.

Vaya por delante que no en Sentido y Sensibilidad no estamos a favor de los transgénicos, entre otras cosas, porque consideramos que el problema no es que falte comida en el mundo, sino que está mal repartida. Una cifra: en España cada año, cada familia tira 76 kilos de comida. Queda claro que, a día de hoy, no creemos que se pueda hablar de carencia de salmones (y tranquilos, la fiebre del sushi ya pasará, pronto será comida viejuna, que diría @mikeliturriaga).

Dicho esto, y como no podía ser de otra manera, vamos a revisar qué es lo que nos parece escandaloso de la generación de pescado (o cualquier otro animal) transgénico. También podéis consultar la versión de otras instituciones contrarias a la modificación genética como Greenpeace.

1. Aunque los expertos aseguren que no tienen peligro para la salud, cualquier modificación genética tienen riesgos ya que no sabemos qué efectos puede tener a largo plazo. No hay estudios concluyentes ni para el sí, ni para el no.

2. En el caso del salmón (la empresa también trabaja en truchas y tilapias) se usará una cadena genética de un salmón mayor, el salmón real, mucho más grande y otra de un pez de aguas frías que asegurará que la hormona del crecimiento se activará incluso a bajas temperaturas. Aparece la hormona del crecimiento, un elemento sobre el cual hay un amplio debate respecto a sí, administrado en animales, puede afectar al desarrollo humano. Hay datos que indican que las hormonas administradas a animales podrían tener un papel en cuestiones endocrinas como la diabetes, la obesidad o el aumento de peso del hígado, entre otros.

3. Estos peces serán producidos en granjas cerradas y controladas, y la empresa asegura que no es posible que los peces se escapen. Pero recordemos que los salmones no solo saltan sino que son especialistas en nadar contracorriente, y estas granjas estarán situadas en zonas de salmón salvaje, por garantizar su hábitat  (concretamente en la Isla del Príncipe Eduardo). ¿Qué pasaría si uno de estos salmones entrara en el medio ambiente? ¿Qué efectos tendría sobre el resto de la población de salmones? ¿Qué efectos tendría sobre los depredadores del salmón, como los osos? Es más, ¿una raza modificada genéticamente podría acabar siendo superior que las razas existentes, y aniquilarlas? (hay estudios que dicen que la liberación de 60 peces con modificación genética puede acabar con una especie en 40 generaciones, lo que llaman el Gen Troyano).

4. A estos salmones modificados ¿también se les alimentará con pienso de pescado? Pescado que come pescado, otra de esas “cosas raras” de la producción masiva. ¿Qué efectos puede tener sobre el propio pescado y sobre quienes lo consuman?

5. Lo que comentábamos al principio del blog, pero ampliado. ¿Necesita el mundo tanto salmón?¿Podríamos invertir el elevado coste de la investigación en modificación genética en buscar métodos de reproducción y captura sostenible y en educar a la sociedad en el consumo responsable? Suponemos que, como los niños malcriados que somos, resulta más fácil (y económicamente mucho más provechoso) darnos los caprichos y tenernos calladitos en lugar de evolucionar hacia unas técnicas de producción y reparto alimentario más justas con los ciudadanos (de todo el mundo) y con el planeta.

En Sentido y Sensibilidad solo esperamos que nos permitan elegir. Es decir, que se indique claramente, en grande y con datos en las etiquetas(*) la procedencia de los salmones y el resto de pescados para que podamos decidir si queremos adquirirlos o no.

(*) Este dossier de la Generalitat de Catalunya (en español) explica de forma sencilla y clara tanto el etiquetado como qué suponen los OGM (organismos genéticamente modificados) en el consumidor (visto desde un prisma institucional, obviamente).