El seductor aroma del plástico recién procesado

Hace cosa de unos 7 u 8 años, en un viaje a Irlanda, descubrimos Primark, unos grandes almacenes de ropa, accesorios y objetos variados que, en ese momento previo a concienciarnos del valor del acto de consumo como reivindicación y lucha para un mundo más sostenible y justo, nos parecieron algo así como el paraíso.

sale-sign-1440889Cachivaches de todo tipo, bolsos, bragas, camisetas… De todo, y a precios exageradamente baratos -sobre todo si los comparabas con los precios anglosajones- eran demasiada tentación para no salir de allí con un serio problema a la hora de embarcar de vuelta en Ryanair por exceso de equipaje.

Hoy, Primark abre la segunda mayor tienda de Europa en Madrid, en plena Gran Vía. Y lejos de embargarnos la emoción, lo que tenemos es una inmensa pena. Y nos llenamos del olor a plástico que nos invade la nariz cada vez que se accede a una de sus tiendas.

Lo último que compramos en Primark fueron unas gomas de pelo. “Solo son gomas de pelo”, pensamos. Pero en realidad es mucho más. Es contribuir a una concepción del consumo totalmente insostenible. Viendo las imágenes que se han mostrado de la inmensa tienda, los lineales y lineales de accesorios, la mayoría de plástico, de ropa de baja calidad, de complementos endebles que tendrán una duración limitada y la cola de personas que había en la calle esperando para entrar a comprar, no podemos más que estremecernos.

Más allá del hecho, importante por otra parte, de que parte de lo que se producía en el Rana Plaza, el tristemente célebre centro de producción bangladesí que acabó consumido por las llamas a causa de la insalubridad de las instalaciones, se producía para Primark (la empresa puso en marcha una campaña de compensación económica al respecto -y cada cual que valore el impacto que esta pudo tener o puede estar teniendo hoy día) lo que nos preocupa es la fascinación que despierta entre nuestros congéneres la posibilidad de comprar productos que saben que no van a durar y que por tanto, no son más que la antesala para seguir comprando.

Este blog no es una crítica a Primark, porque al final, lo que hacen este tipo de compañías (o los bazares orientales) responde a una demanda. Este post es una llamada a la reflexión.

¿Por qué aún no somos capaces de vivir respondiendo exclusivamente a nuestras necesidades reales y no a lo que el mercado nos conduce a desear? ¿Por qué existe esa demanda?
Al ver el vídeo pasando por las estanterías llenas de bolsos no podíamos dejar de pensar que en unos meses, solo unos meses, esos bolsos de plástico serán deshechos en un vertedero, o estarán cogiendo polvo en el fondo de un armario. Pero a sus dueños no les importara porque solo les costó, pongamos, 9.99 euros. Se cansarán de usarlo, se pasarán de moda, se romperán, y comprarán otro casi inmediatamente, porque total, solo les costará 9.99 euros, quizás menos en rebajas.

“Pero es que hay crisis, la gente no tienen dinero para comprarse cosas de calidad”, se podría argumentar. Sin embargo, basta estar un rato haciendo cola en la caja de una de estas superficies para saber que la gente no se conforma con comprarse un bolso de 9.99 euros. Que la disposición de los artículos está pensada para que, ya que vas, te lleves un montón de cositas más, producto de la vorágine, de la compulsividad, del “pero es que es muy barato”. Que como el bolso solo cuesta eso, me da para un monedero, unos zapatos o un conjunto de ropa interior. Si los compradores asiduos a estas tiendas se tomaran la molestia de sumar todo lo que se gasta en, pongamos camisetas, durante un año, probablemente se darían cuenta de que les da para comprarse dos o tres camisetas buenas, de calidad y que les iban a durar más de una temporada… Pero, oh wait!, la temporada que viene (o para ser más precisos, dentro de quince días) ya no estarán de moda.

No podemos evitar ver las imágenes del nuevo centro comercial de Gran Vía como una futura gran montaña de desperdicios abandonados y desahuciados, y nos pasa un poco lo mismo con los bazares orientales, con los “falsos outlets” de algunas cadenas de ropa… Y no solo desperdicios y derroche energético, sino el trabajo de personas que han fabricado todos esos productos en condiciones lamentables, con sueldos miserables. Y no solo trabajos miserables y desperdicios, también una alocada carrera hacia poseer; aunque sean baratijas, poseer cosas, sabiendo que no las necesitamos. Mostrarnos por lo que poseemos o por qué aspecto tenemos, no por lo que somos.

Quizás penséis que, entonces, esto es un problema moral y no ecológico, pero lo que pasa es que esa decisión moral de rendirnos al consumo compulsivo de bienes nos conduce a la destrucción del planeta. Cada cosa innecesaria que consumimos es un futuro residuo, son tintes y productos tóxicos vertidos al medio ambiente, son personas con un trabajo por debajo de la dignidad. Cada cosa que consumimos innecesariamente es una patada en el culo a la Tierra y a sus habitantes, en especial a aquellos más desfavorecidos en los países subdesarrollados o en desarrollo, en esos países-fábrica de todo.

Y conste que todos los hacemos. Nosotros también. Que algunos intentamos controlarlo, y pensar dos veces, ante una caja registradora, si necesitamos eso. Y a veces la tentación nos puede. Es muy jodido vencerla, hay demasiados mensajes, demasiada presión social… Pero nos gusta saber que al menos, nos lo planteamos, porque pensamos que mucha gente ni lo hace ni lo hará jamás. Y el que se plantea ese tipo de cuestiones, en muchas ocasiones, toma la decisión sostenible, porque al final todos los humanos tenemos sentido común (o eso queremos pensar y en lo que confíamos los autores de este blog).

Cuando consumimos, votamos. Y eso tenemos que tenerlo claro. Si existen estos comercios, es porque estamos votando por ellos. Y todos somos responsables de poner nuestro voto, tantas veces como podamos, en la urna de la sostenibilidad.

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3 comentarios en “El seductor aroma del plástico recién procesado

  1. Ya hace años que no se compra por necesidad, ahora ¿como nos han convencido? supongo que habrá estudios psicológicos y sociales que puedan explicarlo. Por que entiendo el comprar marcas por la idea de status, de pertenencia a un grupo social…pero Primark no responde a ello. Por otra parte, creo que parte de su éxito está en que sus productos son más baratos que los similares en otras tiendas de similares calidades.

  2. Hace ya tiempo que no consumimos por necesidad. Supongo que habrá estudios psicológicos y sociologicos que expliquen como nos han convencido en cambiar tiempo por “plastico”. Puedo entender la compra de ropa de marca por status, por dar a entender que se pertence a una clase superior económicamente… pero este no es el caso de comprar en Primark. De todos modos, su éxito en estos primeros días supongo que se debe a que sus productos son más baratos que los de otras tiendas de bajo precio.

    1. Bueno, creemos que es un poco mezcla de todo, de consumo por prestigio y consumo por compulsión, también vinculado a un cierto prestigio. Es decir, las personas que compran en Primark -a pesar de que generalmente aduzcan que compran ahí porque no les da para comprar en otras tiendas- compran por grandes importes de dinero para tener más ropa/complementos y dar la imagen de prestigio que, supuestamente, aporta el cambiar frecuentemente de ropa o de estar alineados a las modas. Pero esas mismas personas que compran ahí porque dicen tener poco dinero, en muchas ocasiones (no en todas, obviamente, no se puede generalizar) no tienen problemas en meterse en largos plazos para pagar smartphones de gama alta, por ejemplo iPhones de casi mil euros, o gastarse 80 o 100 euros en unas zapatillas deportivas que pertenezcan a determinada marca.
      En todo caso, en ningún momento de su compra pasan por su cabeza los efectos nocivos que tiene la compra compulsiva tanto en el entorno, que es a lo que principalmente dedicamos el post, como también al sistema económico – pérdida de peso de los pequeños comercios, de la proximidad y del producto de calidad y nulo reparto de la riqueza, ya que todas las compras quedan restringidas a grandes cadenas, de manera que los pequeños empresarios quedan fuera del juego, obligados a ser empleados mal pagados de estas mismas cadenas- y al social, al generar tensión entre aquellos que tienen o que no tienen, al poner las posesiones por delante de otros atributos a la hora de valorar a las personas y generar relaciones.

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