Los tejidos que respetan el medio ambiente

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Algunas grandes cadenas de ropa han empezado a ofrecer productos ‘ecológicos’, arrastrados por la toma de conciencia de muchos consumidores respecto del respeto al medio ambiente. Hay que felicitarse porque eso implica que ya no somos solo un grupo de hippies/frikies/raritos/verduzcos/bohochics los que reclamamos que se proteja el entorno, sino que hay más gente que a la hora de elegir, antepone la sostenibilidad. Suficiente gente como para que las grandes compañías introduzcan prendas orgánicas en su oferta.

Sin embargo, la mayoría de prendas de estas líneas “conscientes” se basan en el algodón orgánico, que si bien, es obviamente más ecológico que el algodón tradicional, no es el tejido que genera menos impacto (y dicho sea de paso, el algodón puede ser orgánico, pero también habría que tener en cuenta los procesos de tintado, el gasto de agua, la calidad laboral de la mano de obra…)

Vamos a repasar los tejidos que existen a nuestro alcance y que reducen el impacto ambiental. Después, que cada uno elija.

Algodón orgánico: Se trata de algodón cultivado sin semillas modificadas genéticamente y sin ninguna modificación genética posterior. Además, no se deben utilizar fertilizantes ni pesticidas sintéticos durante su crecimiento, siguiendo las normativas y usos de la agricultura ecológica. Es importante comprobar que esté certificado, porque eso nos garantiza que el proceso ha sido adecuado, y también es importante conocer el tipo de teñido al que ha sido sometido para comprobar que también sea un tinte respetuoso y bajo en consumo de agua.

Bambú: Sin duda uno de los mejores tejidos y de los más sostenibles. El tejido de bambú se realiza a base de fibras de la celulosa del bambú. La particularidad principal del bambú, en cuanto a sostenibilidad, es que es una planta que crece rápidamente, y en 4-5 años ya puede usarse para convertirla en tejido, a diferencia de la celulosa de madera procedente de árboles que requieren décadas para regenerarse. Es un cultivo bastante económico, y de fácil cuidado.
La fibra de bambú tiene diversas ventajas. A nivel de usuario, es su suavidad. Las prendas de bambú son muy gustositas, además resistentes (los calcetines, por ejemplo resisten mejor las rozaduras y el desgaste que los de algodón biológico) y además tienen propiedades antibacterianas. De hecho, la planta del bambú raramente contrae enfermedades o es comida por insectos, debido a que dispone de un componente de “defensa” que se respeta en el proceso textil. Así, además de evitar la presencia de bacterias, también tiene propiedades desodorantes, es transpirable y muy permeables. No os dejéis engañar por su aspecto tirando a la lycra o a otras fibras, no recalienta alerones y no coge malos olores durante su uso. Sinceramente, es una fibra francamente sorprendente.

Modal: Se trata de una fibra, parecida al rayón, que se obtiene de celulosa reconstituida, y por tanto implica una parte de reciclaje de fibras. Eso sí, su fabricación es similar a la de la viscosa, por lo que no es plenamente “ecológico”, pero sí reduce considerablemente el gasto en agua, en agentes químicos, además de que, por sus características, los tintes tienen mejor rendimiento

Lino: Es uno tejido noble y no precisamente barato (cualquier que haya querido comprarse una prenda de buen lino lo sabrá), aunque sí muy versátil, duradero, e ideal para las épocas/zonas calurosas. El tejido de lino puede ser o no biológico (como en el caso del algodón) y debe estar certificado. El lino biológico se siembra y cuida siguiendo las normas y usos de la agricultura biológica. Su tejido se usa en ropa, en menaje y también en zapatos y zapatillas, que combinados con esparto o yute resultan muy resistentes.

Lana y alpaca: Ambos productos proceden del pelo de ovejas y alpacas, respectivamente. Se obtienen mediante el afeitado del pelo de los animales (esquila), un pelo que los animales vuelven a desarrollar pasados unos meses. Tras la esquila, se procede a convertir el pelo en fibras, mediante técnicas tradicionales (husos) o mecánicamente. Para que pueda ser considerado un textil sostenible, los animales deben tener unos estándares de vida y cuidados adecuados, no estar en granjas sobre explotadas, alimentarse de forraje ecológico, etc.
Ambos tejidos son muy térmicos, ideales para jerseis, suéters y otras prendas de abrigo. Eso sí, requieren cuidados específicos en el lavado para su buena conservación. En España, concretamente en Cantabria, ya hay empresas pioneras en la crianza ecológica de alpacas y en la elaboración tejido.

Seda pacífica: En la fabricación de la seda tradicional, los gusanos, una vez usados, se meten en agua hirviendo, para acabar de conseguir el máximo de tejido. Pero existe la opción de la seda pacífica o seda Ahimsa, que se obtiene de los capullos una vez estos ya han sido abandonados por la mariposa. Es decir, sin afectar al animal.  La invención del proceso capaz de extraer filamento sin afectar al animal data de 1991.

Lyocell:  Se produce con celulosa, principalmente de eucalipto, y tiene la ventaja de necesitar menos agua, además de usar productos (mayormente orgánicos) totalmente biodegradables en su fabricación. Es una tela resistente, con buena caída, y fácil mantenimiento, aunque está por ver aún su impacto final, al utilizar procesos (cerrados) de fabricación tradicionales.

Fibra de soja: Es una de las últimas incorporaciones al textil sostenible. Se produce hilando fibras de soja mediante un nuevo proceso de bioingeniería y tiene la particularidad de ser una fibra bioactiva, muy beneficiosa para la piel, muy apta para personas de piel sensible y con gran permeabilidad.

Cáñamo: Una de las fibras clásicas de la ropa ecológica. Su principal inconveniente es que tiene un tacto rugoso y aspero, parecido al lino, pero menos sutil. Es muy resistente, fácil de cultivar y fabricar, e ideal para ropa de entretiempo, ya que es capaz de abrigar y a la vez no dar demasiado calor. El cultivo del cáñamo textil no tiene que ver con los cultivos psicotrópicos, ya que para el textil se utilizan variedades con muy bajo contenido en THC.

Yute y esparto: Ambas son fibras obtenidas de plantas herbáceas (malváceas y gramínias). La fabricación, que tiene una tradición centenaria en muchas zonas de España, convierte estas plantas en hilaturas muy firmes, rugosas y bastas, ideales para suelas, capazos, sillas y otros elementos que requieran de resistencia y flexibilidad.

Además de estos tejidos
más  “naturales”, nos encontramos con todo lo que se está haciendo a nivel de reciclaje, como la reutilización de botellas de plástico o redes de pesca, la reutilización de lonas, neumáticos, y tejidos de fibras y también la parte de investigación en tejidos procedentes de la acción bacteriana sobre componentes diversos. Todos ellos son un paso más hacia una creación más responsable y sostenible. Ahora nos toca a nosotros consumirlos y generar suficiente demanda como para rentabilizar estas propuestas y resguardar al planeta de la sobre explotación textil.

 

Huevos ecológicos fraudulentos: los efectos del éxito del consumo sostenible

huevos fraudulentos alemaniaLas autoridades alemanas han puesto en marcha una investigación para esclarecer si 150 empresas de la Baja Sajonia han puesto en el mercado millones de huevos bajo el apelativo de huevos ecológicos sin serlo realmente. Estos huevos, vendidos como orgánicos, procedían, presuntamente, de granjas en las que se criaba a las gallinas en condiciones de hacinamiento.

Esta noticia tiene dos interpretaciones. De un lado, la negativa, es decir, el hecho de que también en este mundo del consumo orgánico y sostenible se esté entrando en el fraude y el engaño. Pero también tiene una interpretación positiva: si este mercado no estuviera en franco crecimiento, nadie se molestaría en estafar.

Saber que en un país como Alemania, donde el consumo biológico lleva años consolidándose y donde hay mucha más conciencia al respecto, se están iniciando este tipo de prácticas, nos obliga, además, a ser mucho más precavidos a la hora de ir a comprar, no solo en las tiendas especializadas, donde podemos llegar a establecer una mayor confianza por el trato y la proximidad, sino especialmente en las grandes superficies. Vigilad siempre la procedencia, revisad los ingredientes, etc… Y ante la duda, una miradita a San Google nos puede guiar para hacer una mejor elección.

De un tiempo a estar parte, muchas grandes empresas de distribución están vendiendo y produciendo artículos bio. Esta medida es muy positiva porque permiten a más usuarios llegar a estos productos a precios más competitivos, pero entre toda esta buena voluntad, habrá siempre algún listo que quiera sacar provecho. De ahí la importancia de nuestro post anterior sobre los sellos de certificación. Nos consta que algunas grandes empresas del sector textil usan el algodón biológico como gancho, pero que luego no cumplen normativas de trabajo y salario digno, etc… Y por eso, sus prendas no están certificadas, por lo que vale la pena siempre tener las certificaciones en mente. Nadie compraría un coche sin número de bastidor… Pues un poco lo mismo.

Por otro lado, los consumidores responsables españoles tenemos la gran suerte de estar en uno de los países con mayor porcentaje de producción ecológica, por lo que no dependemos tanto de otros mercados, como el alemán, en este tipo de productos. Confiando en la severidad de las inspecciones y las certificaciones, tenemos a nuestro alcance productos de calidad y garantizados.

Recordad que en España existe una legislación estricta de control y supervisión de las empresas a las que se les permite usar el sello de certificación ecológica, y que éstas son inspeccionadas anualmente para comprobar que siguen cumpliendo con todas las normativas. Además, refrescaros el significado del código numérico de los huevos (impreso en la cáscara):

Primer dígito (tipo de producción) :  0. Ecológica  1. Campera (criada en libertad) 2. Granja (criada en suelo) 3.Granja (criada en jaula, o sea, en hacinamiento para hiperproducción)

Dos letras siguientes (procedencia): ES para España y así para el resto de países.

Resto de números: Código identificador de la granja.