¿Crees en la economía colaborativa?

Me da rabia acabar siempre con esta decepción respecto de la raza humana, así en general, pero es que me ponen muy fácil sentirme decepcionada con el uso que hacemos de cualquier buena idea  que se nos ocurre.

Esta vez, la “víctima” es la economía colaborativa, una idea espléndida sobre el papel pero que ha acabado convirtiéndose en un negocio que abusa de los trabajadores, de la legislación y de los gobiernos. Eso sí, da pingües beneficios.

La economía colaborativa está basada en la filosofía de compartir aquello a lo que no das un uso o uso completo a través de medios electrónicos para que otras personas le puedan sacar beneficio. Por ejemplo, sería compartir esa pistola de silicona que compraste una vez para una reparación puntual y que ya no usas, con personas que la puedan necesitar puntualmente, evitando así que se haga una nueva compra, y por tanto que se tenga un nuevo producto con lo que eso supone de generación de residuos, huella ecológica etc.

A priori, una idea estupenda. ¿Qué solo usas el coche el fin de semana? Pues préstaselo a alguien que lo use entre semana. ¿Qué tienes unacarsharing-1445469-639x436 boda y no tienes vestido? Pues busca a alguna otra persona que se comprara un vestido para una boda y que te lo preste. Pero, ¿qué sucede cuando “se ve el negocio”?

Suceden cosas como Uber o Air b’n’n. Pero vayamos por partes… ¿Existen ejemplo de economía colaborativa que mantienen su esencia? Mi experiencia es que sí, pero generalmente a pequeña escala. Es el caso de La Guindalera Reutiliza, una página de Facebook de la que hemos hablado en otras ocasiones y que permite a los vecinos de un barrio de Madrid intercambiar objetos que ya no utilizan, o solicitar donaciones o préstamos de cosas que necesitan. No hay intercambio económico de por medio, ni empresas que gestionen el intercambio, por lo que nadie se lucra, y en cambio, todos salen ganando.

Otros ejemplos de consumo colaborativo serían los grupos de consumo, o las plataformas en las que grandes grupos de gente se reúnen para comprar algo al por mayor y sacar así un precio más provechoso. También son formas de economía colaborativa, por ejemplo, los bancos de tiempo, en los que los usuarios ofrecen un servicio en el que son muy hábiles a cambio de otros servicios que puedan necesitar en el futuro, como el clásico ejemplo del que sabe guitarra, y le enseña a un niño y las horas que enseña a ese niño las intercambia por horas de clase de inglés con otro miembro del banco, y a su vez, ese profesor de inglés intercambia sus horas con el padre del niño que es lampista, y que le arregla un desperfecto casero.

Hay otras plataformas con esa filosofía que se han realizado con medios limitados y que funcionan perfectamente siguiendo los principios del intercambio provechoso de bienes y servicios.  Pero como anunciábamos antes, también ha habido quien ha visto en la economía colaborativa un negocio.

Porque sí, la idea es que todos saquemos un beneficio de colaborar, y además que el beneficio sea equiparable. Y no es el caso de las empresas más famosas que se atribuyen esta etiqueta.
Empezaré por un dato: Uber la empresa de compartir coche con chófer estaba valorada en 2014 en 18.000 millones de dólares. Seguramente, ninguno de los participantes en esta iniciativa saca por su trabajo nada parecido.
Uber, Air b’n’b, Blablacar y otras plataformas similares han puesto su conocimiento y tecnología al servicio de estas iniciativas de compartir bienes y servicios, y por tanto, deben recibir algo a cambio de esa tecnología y esos conocimientos. Pero obviamente han superado con creces el equilibrio entre lo ofrecido por ellos y el servicio que ofrecen individualmente cada uno de los participantes. Y además, en cada vez más ocasiones, convirtiéndose en competencia desleal para las empresas que tradicionalmente han ofrecido estos servicios, véase hoteles, taxistas o compañías de transporte.

Efectivamente, los que comparten sus casas, coches, etc, reciben un dinerito, que seguramente a mucha gente vendrá muy bien, pero ¿juegan con las mismas reglas de juego? Seguramente, el hecho de que una habitación en de Air b’n’b resulte más económica (oh wait, en Barcelona ni siquiera así existe el alojamiento asequible) tiene que ver con que los que la ponen en alquiler no deben pagar impuestos relacionados con la explotación de esa habitación, ni pagan seguros, ni trabajadores, etc… Es verdad que a muchas personas hacer viajes como chófer de Uber le salva el mes, pero esas personas están jugando con reglas distintas de las que debe seguir un taxista, que paga una licencia, unos impuestos, un seguro de viajeros, etc. Y desde luego, lo que representa en ganancia para el “trabajador” final de estas empresas, son minucias comparándolo con los beneficios inmensos que representan cada una de estas tareas a la empresa. Es que no hay nada como tener miles de trabajadores a los que no pagas tú, a los que no cotizas, a los que no abonas un seguro, a los que no tienes que facilitar beneficios sociales ni nada parecido. ¿Qué pasa si un conductor de Uber se lesiona o fallece? Pues eso. ¡Eh! Y seguro que hay empresas de transporte, hoteleras y de otros servicios similares que no son unas santas, pero ya lo de la pretendida económica colaborativa “empresarial” me resulta indefendible.

¿Significa todo esto que estoy en contra de la economía colaborativa? Desde luego que no. Al contrario, me parece una de las mejores maneras para luchar contra la sobre producción, los residuos y para reducir la huella ecológica de nuestras sociedades. Además, me parece una forma muy interesante de enlazar comunidades. Pero cuando esta se hace con principios y ética, y cuando su objetivo es compartir y colaborar, y no lucrarse. Y desgraciadamente en muchos casos, en la mayoría de hecho, no es así. Mucho tendrán que repensar las administraciones las legislaciones regulen la economía colaborativa, aunque me temo que, como siempre, los lobbies de las empresas que tantos beneficios están logrando conseguirán que al final ellas salgan ganando, como siempre.

Una vez más, los humanos somos capaces de convertir cualquier buena idea en una forma de explotar a los demás, de pensar en sacar beneficios, y si de paso es sin escrúpulos y haciendo trampas mejor.

 

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